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viernes, 11 de junio de 2010




Miguel Delibes y Paco Umbral

Escribió Delibes El hereje y después…la nada.
La nada vital y la nada literaria.

En realidad la muerte de su mujer en 1974 lo mató anímicamente y tras su última y gran novela de 1998, el cáncer de colon que le diagnosticaron remató poco a poco sus ya pocas ganas de vivir: un paréntesis casi en blanco hasta el 12 de marzo de 2010 en que definitivamente falleció.

Atrás quedaba un buen puñado de buenas novelas que en su conjunto representan lo mejor de la castellanidad de un castellano de Valladolid, que un día se acercó con Ángeles, su compañera de siempre, a Extremadura: miró con sus ojos de cazador la realidad rural de los terratenientes y sus esclavos humanos, y parió Los santos inocentes.

Luego un director de cine, Mario Camus, leyó aquello y lo convirtió en una película que está en la cima de las grandes realizaciones españolas.

Si se ha leído la novela y se ha visto su plasmación en imágenes se llegará a la conclusión inevitable de que los personajes cobran vida y que el Azarías y “su milana bonita” no podía ser otro que Paco Rabal (olvidadas sus mediocres actuaciones de galán buñuelesco) y que el rescatado Alfredo Landa borda el papel de siervo que es trabajo, que es terrón de tierra y hasta perro de caza que husmea, señala y atrapa la pieza abatida y malherida por su amo; perro que no tiene derecho a participar del festín de la sangre, que se limita a ofrecer el trofeo y recibir la palmada en el lomo moviendo el rabo en señal de agradecimiento y sumisión.

También es meritorio que Juan Diego, tan propenso a la sobreactuación, se transmutara, de comunista militante en la vida real, a señorito feudal dueño de haciendas y vidas, revestido de un barniz hipócrita de paternalismo, que no es más que la epidermis del animal humano que ejerce con naturalidad una explotación salvaje y cruel sobre otros humanos que, a fuerza de aceptar las cadenas para sobrevivir, han aceptado su cosificación sin protestar.

La humillación que se ejerce desde la altura del caballo y la fusta es tan antigua que por debajo solo cabe la impotencia, la rabia acumulada y la resignación que cuando explotan lo hacen sin medida, sin filtro moral, sin piedad ni remordimiento.

Luego los bienpensantes dirán que unos y otros en circunstancias extremas son igual de asesinos, que las dos clases sociales aquí representadas son merecedoras del mismo castigo o del mismo olvido. Pues no.

Pero “yo venía a hablar de mi libro”: quería dejar escrito mi homenaje a Miguel Delibes, de quien nunca entendí su pasión por la caza pero sí su escritura sin artificios, su retrato de unos pueblos, un paisaje y un paisanaje de la Castilla profunda que describió como nadie.

Francisco Umbral, que se hizo periodista bajo el padrinazgo de don Miguel nos dejó una entrevista de 1984 que recupero parcialmente pero que dan la talla de quienes fueron y de la mutua admiración que se profesaron en vida:


“Y Miguel viene a casa, por la tarde, Miguel Delibes, y la gata se le sube, "que se te ha subido la gata, Miguel", y está levemente embarnecido, rejuvenecido de una gloria segunda, con ese optimismo que da la corbata, de pronto, a quienes habitualmente no la llevan, y fumando tabaco negro que le traen de Canarias -"por molestar, ya ves, caprichos"-, que ya no lía los pitillotes que liaba.


-Y la picadura, Miguel, ¿por qué has dejado la picadura?

-Porque en aquellos cigarrotes infames que yo me liaba y chupaba, había mucho más veneno que en estos cigarrillos con filtro.

De todos modos, se me hace raro verle sacar la cajetilla y obtener un pitillo, como un ejecutivo.

Juega, y juega muy bien, al provinciano en Madrid. La gata, se le ha subido y la soporta. "Que te va a llenar de pelos". "Que no, que es cariñosa". Miguel Delibes, que como todo hombre de madurez cumplida, ha comprendido que el único franciscanismo del mundo se hospeda en los animales, aprendió de mí (yo que he aprendido tantas cosas de él) a soportar los gatos, que antes le parecían diabólicos

-¿Y qué ha pasado con nosotros, Miguel?

Que tú acaricias el recuerdo de una mujer impar, de la que yo mismo estaba enamorado. Que yo acaricio una gata enferma y dulcísima. Que todos somos Azarías, Miguel, inútilmente, innecesariamente dañados por la vida: "Milana bonita, milana bonita...".

-Me vas a hacer llorar, Paco.

-Poder decirle eso a un animal es toda la pureza y toda la ternura del mundo, Miguel, después de que tú y yo hemos vivido tanta vida. Azarías vive en el tiempo natural, no en el tiempo ficticio de la literatura y la política. Desde ahora, Miguel, le diré a mi gata: "Milana bonita, milana bonita...". Y no necesito otra cosa en la vida, Miguel.

-Aquel año sesenta, Paco, qué pasó en Valladolid aquel año sesenta. Yo creía que era un problema de generaciones, Paco, que luego vendrían otros, pero no ha salido nadie. Ahora hacemos el periódico con robots, y el otro día se nos perdieron seis páginas en la pantalla, "se han volado, decían todos, se han volado" esto es cosa de brujas, y estuvimos toda la noche dando teclas, Paco, y no aparecieron las seis páginas.

Ríe, ríe con su risa de lobo bueno. Era todo él, tras una mampara que le separaba de la redacción (nunca quiso ocupar el despacho de director), una Facultad de Ciencias de la Información. La única que he conocido y respeto. Un día me lo dijo:

-Mira, Pacorris, lo tuyo está muy bien, pero yo quisiera explicarte que hay un nivel literario, ensayístico, de libro, y un nivel periodístico, que es el nuestro.

Sólo con esta lección me hizo periodista. Pacorris se convirtió en Francisco Umbral. Miguel, en casa, esta tarde, toma cualquier bebida inocua. El galán de un Hollywood montaraz se ha convertido en un elegante caballero que no aparenta los años y trae una chaqueta azul/sport de buen corte.

-La neurastenia, Paco. Tengo momentos de bloqueo, de angustia, en que me es imposible escribir nada, ni casi vivir. Antes se producía con el avión. Ahora incluso con el automóvil.

-El valium.

-Se pasó el valium. Ahora tomo otras cosas. Cosas que, como entonces, me deshacen el nudo del pecho y me permiten, cuando menos, dormir.

-Aquel Valladolid.

-Efectivamente, yo me paré en la infancia, como todo el mundo. Si un día vuelvo a escribir la novela de la pequeña burguesía provinciana, serán aquellos burgueses, los de entonces. A los de hoy es que ni siquiera los conozco ni sé por dónde van.

-¿Por qué matas bichos, Miguel?

-Ya casi no mato bichos, Paco.
(Miguel siempre ha tenido frente a mí una cierta mala conciencia de depredador.)

-Mira mi gata. Mira qué guapa es. ¿Tú la matarías de un tiro?

-No, por Dios, qué disparate. En Suecia me propusieron, muy ilusionados, una caza del gamo. 'No quiero matar un gamo, con esos grandes ojos que tiene, ni dejarle cojo para toda la vida", les dije, Paco, eso les dije.

- La perdiz.

-La perdiz es cauta, sabia, huidiza. Se la mata sin sentir. Lo malo es la liebre, Paco, la liebre que queda malherida y gime y hay que rematarla. Eso es horrible, Paco.

-No me lo cuentes. Siempre te he dicho, Miguel, a ti que eres cristiano, que es más pecado matar una perdiz roja que beneficiarse a una señorita.

-¿Sigues con el rollo de los libros cortos, Miguel?

-Sí, me parece que es lo que ahora quiere la gente. Aunque a la vista de tu último libro, tan largo y tan ameno, empiezo a dudar. Pero lo veo por mis hijos. Los mayores de 30 todavía leen, siempre están leyendo algo. Los pequeños sólo leen aquello que les pueda ser útil para su trabajo o su carrera.

Miguel, el hermano mayor que la vida no me dio. Y Miguel viene a casa, por la tarde, Miguel Delibes, y la gata se le sube, "que se te ha subido la gata, Miguel", y está levemente embarnecido, rejuvenecido en una gloria segunda y como más callejeada que la primera.

-¿Cuántos artículos haces al mes, Miguel?

-Uno, y no me sale.

-¿Y qué ha pasado con nosotros, Paco?

-Pues ya lo ves, amor, que cubrimos todos nuestros objetivos, pero eso produce más tristeza que euforia, y yo estoy melancólico de la pura pena de no saber por qué, y tú estás neurasténico, Miguel. ¿Por qué dices neurasténico y no neurótico?

-Porque lo que estamos es neurasténicos, Paco. Tu madre decía "neurastenia". La neurosis es ya una cosa más moderna, aunque crean que es la misma, Paco. La gente tiene neurosis, Pacorris. Tú y yo tenemos neurastenia. Cuidemos nuestra neurastenia, que a lo mejor es nuestro talento. ¿Qué ha pasado con nosotros, Paco?

-Eso te lo preguntaba yo a ti, Miguel. Que hemos cubierto todos los objetivos que nos proponíamos desde El Norte de Castilla, pero estamos neurasténicos. Que tú tienes una becada de hijas dulcísimas a las que acariciar, Miguel, amor, y yo sólo tengo una gata enferma, con los ojos verdes y tristes, y cuando estoy a solas con ella la beso y lloro y le digo:milana bonita, milana bonita”.


martes, 11 de mayo de 2010

La muerte y la doncella
(o Polanski y Schubert)


Hay veces en que el maridaje entre una película y la música es perfecto, así sucede en mi opinión entre el film de Polanski y el cuarteto de cuerdas n.º14 en re menor de Schubert.

Polanski, dominador de las tinieblas del ser humano, y tenebroso él mismo, nos ofrece un paseo por el infierno de la tortura física con sus huellas nunca cicatrizadas en la mente.

En una pirueta del guión un poco forzada, (pero el azar es siempre azaroso) se encuentran torturador (Ben Kingsley) y torturada (Sigourney Weaver) invirtiéndose los roles ante un tercer personaje (el marido de ella) mitad observador que quiere ser razonable y que no confía demasiado en la salud psíqica de su compañera, mitad político mezquino (perdón por la casi redundancia) el cual, restaurada la democracia formal en ese país innominado de latino-america, va a iniciar una brillante carrera que podría verse truncada si a ella se le fuera la mano en su reacción violenta, vengativa y justiciera al querer que el torturador reconozca los hechos y pague una mínima parte de lo que a ella le sucedió.

Los indicios que ella maneja son olfativos y sobretodo auditivos : el timbre de voz del verdugo y la música de Schubert que invariablemente sonaba de fondo cuando la violaba.
No podía el director haber elegido mejor la música, el cuarteto es poderoso, lacerante y según qué pasajes hermosamente lírico (un descanso entre martirio y martirio) para retomar la fuerza de la lucha entre la doncella que quiere vivir y la muerte amenazante. Por algo este cuarteto fue escrito por Schubert en un momento terminal, carcomido por la sífilis.


La película plantea muchos interrogantes de difícil respuesta:

¿Debe pasarse página tras una dictadura sangrienta como si nada hubiera sucedido?
¿Pueden rehabilitarse y reintegrarse a la vida normal los torturadores?
¿Cualquiera de nosotros en circunstancias de impunidad puede llegar a torturar?
¿Los torturadores pueden ser sensibles al arte, la música en este caso, y al amor en todas sus vertientes?
¿Es mejor olvidar que tomarse la justicia por propia mano?
¿Merecen la pena de muerte o la prisión de por vida los torturadores?

En Callosa de Segura conocí a alguien que había sido torturado a cara descubierta por un miembro de la brigada político-social, le pregunté que haría si se lo encontrase y lo reconociera.
En la primera cerveza me dijo que no se acordaba ya de sus facciones y que lo pasado, pasado estaba, que el ojo por ojo no conducía a nada. Tras la cuarta cerveza, Y cuando ya estábamos hablando de cotidianeidades, se le inyectaron de rabia y odio reprimido los ojos y con violencia vomitó estas palabras: me acuerdo perfectamente de su cara, de su mirada, de sus gritos y de los míos; lo reconocería en cualquier lugar, en medio de una multitud… y si pudiera lo mataría.
Pues eso, que este hombre le hubiera dado otro final a la película, es posible que la hubiese titulado “Sin perdón” y probablemente nunca hubiese escuchado más “La muerte y la doncella” por muy hermosa que sea la pieza musical.

viernes, 26 de marzo de 2010


Marguerite Duras

En algún día de marzo de 1996, seguramente tras ver un documental de homenaje a la escritora recién fallecida, escribí estas impresiones sobre esta mujer valiente, libre, existencialista, comunista desencantada, fumadora, alcohólica e inmensamente humana.


Desde la atalaya inversa de la vejez nos hablaba anoche Marguerite Duras. Sus ojos y sus gestos decían más que las palabras que con gran esfuerzo pronunciaba. Un mundo de arrugas faciales, una garganta rota y unos ojos sabios y sin futuro.

Tuve la impresión de que toda su persona estaba en sus novelas y que éstas, las novelas, no le pertenecían: eran algo ajeno a ella, intuiciones, bosquejos, nebulosos retratos de la personalidad a la que no podía acceder fuera del acto mismo de la escritura.

Asistía Marguerite a la proyección de antiguas entrevistas con el interés y la emoción de quien escucha a alguien admirado pero casi desconocido u olvidado. Creo que en su interior deploraría la estulticia de aquellos entrevistadores que una y mil veces trataban de anecdotizar lo insondable.

Ella, mientras, trataba de averiguar si en aquellas ocasiones dijo algo que le pudiera dar la clave de lo que aún seguía sin entender. En el fondo, late la locura, la esquizofrenia del escritor verdadero.

Recuerdo alguna frase que me impactó: “Cuando se escribe algo que en su momento fue traumático deja de serlo, se olvida o se metaboliza”. Interpreté que las cosas que te suceden cuando las transformas en literatura dejan de pertenecerte, ya no te han sucedido a ti, hay un proceso de transferencia liberador hacia el personaje de la novela que eres tú sin serlo.

Y hay otra cosa que me llamó la atención porque seguramente está en la base de mi misoginia soterrada. Me atrajo y me tranquilizó al mismo tiempo. Estoy tratando de decir que “en la mujer” hay siempre “otra mujer” que se me escapa, que no llego a entender y que me asusta. Supongo que nos debe pasar a casi todos los hombres y de ahí, de la debilidad no asumida nace la represión y el salvajismo hacia las mujeres. No se trata de un reconocimiento a la superioridad femenina: hablo de miedo, de oscuridad, de resortes ocultos, de lazos con el otro lado del espejo, de la cara oculta de la Luna.

Me pareció pues, que Marguerite Duras, desde sus años o desde su lucidez senil, compartía ese pánico: la intuición terrible de su otro yo que le ha empujado a escribir situaciones que dice haber vivido pero que le siguen resultando ajenas, extrañas y que, necesariamente, ha de encarnar en actores literarios para liberarse de su maleficio.

Sentí vergüenza conmiserativa hacia los dos hombres que aparecían junto a ella en la pantalla y que no rozaban siquiera la personalidad de la escritora.

Tangentes estúpidas sobre un círculo negro con una mancha amarilla en el centro: el origen del caos.

viernes, 5 de marzo de 2010


Andrés Rábago: El Roto


El Roto es un humorista singular capaz de lanzarte casi como una bofetada en la conciencia y en la inteligencia su mirada implacable, su bisturí que despoja sin miramientos la bochornosa realidad repleta de falsedad, miedo y egoísmo, donde el dinero y la corrupción han ocupado el lugar del pensamiento.

Sus viñetas son un reflejo amargo de una sociedad enferma, y la sonrisa que te arranca, nunca se constituye en carcajada sino en reflexión crítica.

Son por sí solas, con su dibujo simple, desnudo de artificios, como un editorial, una columna de opinión comprimida, comprometida y esclarecedora.

Los que le conocemos de tiempo atrás sabemos que ha tenido otros heterónimos : OPS, Jonás, Ubú… y hemos visto/leído sus obras en Triunfo, La Codorniz, Hermano Lobo, Cuadernos para el Diálogo, Diario 16, Cambio 16, El Jueves, Ajoblanco, Tiempo y El País, donde sigue publicando una viñeta diaria.

jueves, 11 de febrero de 2010



Prohibido prohibir
(Por lo menos hasta estos extremos)




Leo el artículo publicado por Javier Marías en el suplemento dominical donde habitualmente escribe y como no encuentro el sitio donde adherirme con mi firma a su canto a la libertad condicional de los que seguimos eligiendo morir con la colilla puesta, su defensa a tener un mínimo espacio aunque sea con la etiqueta de apestados, marginados, cuasidelincuentes y su denuncia de la hipocresía política convertida ya en social-fascismo... es por lo que reproduzco su escrito, sin la venia.


"La cruzada antitabaco de Zapatero y su Ministra de Sanidad, Jiménez, está adquiriendo tintes tan demagógicos que, antes de tarifar con ellos a todos los efectos, he intentado darles la razón, a ver qué pasaba. En lo relativo a la inminente prohibición de fumar en todos los lugares públicos cerrados, no lo consigo. ¿Por qué en todos? ¿Es que los no fumadores piensan frecuentar todos y cada uno de las decenas de millares de bares y restaurantes desperdigados por España? Los fumadores ya sólo aspiramos a que en algunos locales se nos permita echarnos un pitillo mientras tomamos una caña o justo después de almorzar o cenar. ¿Por qué no puede haber unos cuantos sitios así, llámense clubs de fumadores o como se quiera? ¿Por qué, entre los muchísimos que prefieren que se fume en ellos –no me cansaré de repetir que esa ha sido la causa de la nueva ley que se avecina: que los propietarios han hecho uso de la libertad que se les concedió contrariamente a los deseos del Gobierno, en vista de lo cual éste se la retira, vaya libertad condicionada–, no se efectúa un sorteo y se consiente que cierto porcentaje admita el humo en sus dependencias? Los no fumadores no entrarían en ellos, como otros no entramos en casinos, puticlubs o sex-shops, eso sería todo. En cuanto a los camareros –también podrían ser autoservicios, y no haberlos–, tendrían que ser asimismo fumadores voluntarios, no se verían obligados a respirar una atmósfera indeseada.

Este ejercicio de comprensión que intento no lo están llevando a cabo muchos más fumadores. Conozco a no pocos que han prometido no volver a pisar un bar ni un restaurante una vez que la intolerante nueva ley entre en vigor. Así que es natural que el gremio de hostelería esté preocupado. Este diario se ha alineado con Zapatero y Jiménez hasta el punto de publicar un reportaje con el titular "Sin humo no se hunde el bar" y el subtitular "Los hosteleros vaticinan un desastre por la prohibición de fumar, pero la experiencia en otros países lo desmiente", en el que sin embargo, al leer la información, ésta desmentía rotundamente dichos titulares, que se convertían en incomprensibles: resulta que en Irlanda hay un 25% menos pubs de los existentes antes de la prohibición; en el Reino Unido caen 52 a la semana, en el plazo de un año cerraron 2.377 y se redujeron 24.000 empleos; en Italia, un 12% de los establecimientos acusó pérdidas "significativas"; y en Francia la gente se ha refugiado en las terrazas, convirtiendo el "problema del humo" en el "problema del vocerío" desesperante para los vecinos, que es lo que sucederá en España, dados el buen tiempo reinante y los pingües beneficios que sacan los Ayuntamientos de la proliferación de mesas en las calles. Otro extraño titular de El País afirmaba que los partidarios de la prohibición total eran "clara mayoría". Luego, la noticia revelaba que se trataba de una mayoría pelada del 52%, frente a un 44% que se oponía, si mal no recuerdo. Un 44% es mucha gente, como para cercenar su libertad completamente. Unos veinte millones de personas, con las cuales, yo creo, debería llegarse a algún tipo de entendimiento.

En lo que sí he logrado darles la razón a los tramposos Zapatero y Jiménez es en su última medida de adornar con pavorosas fotos los paquetes de cigarrillos: pulmones destrozados, dentaduras roídas, fetos, jeringuillas, gatillazos y demás males que pueden sobrevenir a los fumadores. Aunque eso no hará sino disparar la venta de pitilleras (yo las uso desde hace años), me parece bien, siempre que se haga lo mismo con todos los demás productos que pueden dañar nuestra salud o matarnos. Exijo, por tanto, que las botellas de vino, whisky y ginebra lleven fotos de repulsivos borrachos, de hígados con cirrosis y de las ratas y arañas que se aparecen a quienes sufren de delirium tremens. Quiero que en las carreteras, y sobre las portezuelas de los coches, haya, bien visibles, imágenes de muertos aplastados por la chatarra, tetrapléjicos en sillas de ruedas, motoristas decapitados, peatones atropellados, cueros cabelludos arrancados y brazos y piernas amputados. Que presidan las playas grandes fotos de ahogados, de miembros hinchados por las picaduras de las medusas y de afectados por cánceres de piel. Reclamo que los costados de los aviones exhiban imágenes de catástrofes aéreas, con cuerpos desmembrados, terroristas con bombas y momentáneos supervivientes chapoteando en un mar helado, y otro tanto los de los trenes, ilustrados por desastres ferroviarios y por las consecuencias del 11-M.


Pido que en las fachadas de los Ayuntamientos se vean fotos de paisajes destruidos por la especulación inmobiliaria, y de gente sorda por culpa del ruido de sus infinitas y arbitrarias obras. Porque todas esas desgracias pueden acaecerle a quien bebe alcohol, o monta en coche o en moto o es un mero transeúnte, o a quien vuela o viaja en tren, o a quien se baña en el mar, o a quien está expuesto a los abusos del Ayuntamiento de turno. Sería un mundo alentador y alegre, lleno de estampas que nos describieran gráficamente los peligros y horrores que se ciernen sobre nosotros constantemente. Es posible que la economía se fuera al traste, pero qué se le va a hacer.

Al fin y al cabo, ¿no son los Gobiernos los que sacan mayor provecho del consumo de tabaco? Si nos ponen fotos espantosas en las cajetillas, que las pongan también en todo el resto, incluyendo las de obesos inmovilizados en muchos productos alimenticios. Si no lo hacen, quedarán como hipócritas, además de como fanáticos y supresores de las libertades."


JAVIER MARÍAS
El País Semanal, 7 de febrero de 2010

viernes, 1 de enero de 2010


Viva el Cola-Cao


Hoy comienza el año 2010 y anoche la televisión pública no dejaba de publicitarnos machaconamente que se acababa la publicidad.


Lo hacía de una forma que no sabías si celebrarlo o vestirte de luto.


Es verdad que insistieron en que de ahora en adelante se podrán ver las películas de tirón, lo cual agradecemos los que andamos casi tuteándonos con el señor Alzheimer, por lo menos en lo que a la memoria se refiere, pero por otra parte a este mismo sector que se sitúa entre la tercera y la eterna juventud nos va a obligar a recordar, paradójicamente, cuál era la marca que anunciaba nuestra siempre guapa Concha/Conchita Velasco para las pequeñas pérdidas de orina.

Me consuelo pensando en que como no va a variar mucho el nivel cultural de las emisiones no habrá problemas y podremos despegarnos del sofá para realizar tan básicas funciones fisiológicas y hasta ponernos una buena peliculilla conseguida por los habituales medios anti-sgae (la guerra es la guerra y ésta, la del libre intercambio, como tantas otras también la perderemos, con resignación pero luchando).

Lo dicho, que ayer, la tele, al mismo tiempo que nos bombardeaba con la buena nueva, nos ofrecía un resumen de eso que llaman “cortes publicitarios” realmente ingeniosos y divertidos, removedores de nostalgias. No sé si hay gato encerrado, pareciera como si los responsables del ente tuvieran miedo de que no fueran capaces de llenar todo el tiempo con una programación informativa, formativa y lúdica que es para lo que debería estar una televisión pública sufragada a escote por los sufridos contribuyentes.

Quedaría así entreabierta la puerta a una necesaria vuelta a los orígenes o a la implantación de un modesto canon para compensar la pérdida de ingresos.
No he leído los periódicos de estos días y supongo que se habrán publicado sesudos análisis sobre el tema. Yo así, a vuela pluma, y sin “referencias críticas ni argumentales” me quedo con el mosqueo a la espera de acontecimientos.

Por lo pronto me parece bien, pero, por si acaso, digo aquello de “la medida me parece insuficiente porque no se abordan los problemas de fondo, los estructurales y los otros (que ahora no se me ocurren pero que están) y que éste es un primer paso, pequeño para el hombre pero grande para la humanidad televidente. Amén.

viernes, 27 de noviembre de 2009


La paloma, Alberti, Serrat y yo

Me hacía memoria hace un tiempo mi hijo mayor, pero también lo recordaban los otros dos al ser consultados posteriormente, que cuando yo canturreaba la paloma en una burda imitación de Serrat, alzaban las orejas en señal de alarma: algo le pasaba al padre, algo andaba mal, algún nubarrón de tormenta, alguna oscura tristeza o enfado o algo indefinible… pero en todo caso nada bueno se cernía sobre el horizonte.

Papá cantando ese poema convertido en canción susurrada, masticada y enfatizada en ese se equivocaba sólo podía indicar que sus deseos, ilusiones, esperanzas o sueños no estaban allí, en aquel lugar y situación, que su corazón no estaba en esa casa y que el estado de confusión orientativa, temporal y vital iba tomando cuerpo…

Yo creo que no era consciente de la relación tan unívoca o biunívoca, no sé, fuera tan clara pero deben tener razón porque aún hoy, que he tenido un día gris oscuro, me he sorprendido cantando “se equivocó la paloma, se equivocaba”.

Algo de eso le debió pasar a Serrat cuando añadió ese se equivocaba detrás de cada dos versos, que como se puede comprobar más abajo no figuran en el poema original.

LA PALOMA

Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
(Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)

viernes, 2 de octubre de 2009


Por dos décimas

Aquel profesor me calificó un examen final con un 6.8.
No era una asignatura importante ni crucial como esas que condicionan las “medias” que determinan si podrás cursar la carrera que con la vocación aún borrosa has elegido.
No, era un curso sin trascendencia académica ni curricular…pero yo me sentí molesto, le concedí a aquella puntuación un valor simbólico que ya no ha dejado de perseguirme; tanto es así –a la intuición me refiero- que fui a hablar/negociar con él.

Primero en un tono hosco le inquirí por sus criterios de evaluación y por la “finura” en las extracción de los decimales. Yo, que por entonces daba clases en un instituto de formación profesional siempre redondeaba las notas al alza y me consideraba en una posición de igualdad como para hablar de colega a colega.
Después, en un tono más sosegado -casi suplicante- le pedí que me pusiera un siete, pero aquel joven profesor, recién revestido de su condición de tal ni se amilanó ni se apiadó en absoluto; tampoco se molestó en revisar la prueba: se limitó a apelar a la suma y la división como operaciones fundamentales de la aritmética calificadora. Punto.

Bueno, pues aquí sigo yo, con mi seis con ocho colgado a la chepa pensando que si alguna vez creí, en mi infancia y primera juventud, que yo era un tipo con posibilidades de destacar en algo, de poseer en potencia un cierto brillo, aquel individuo me instaló premonitoriamente en la realidad: no soy “notable” por dos décimas…así que de “sobresaliente” o de “excelente” ni hablamos.

Me he quedado en un pasable/bien hasta que el señor Alzheimer o simplemente los años me vuelvan a examinar y me rebajen definitivamente la nota.

domingo, 29 de marzo de 2009



Reconvención

Un amigo, ofendido por lo que considera “mala leche” de mi escrito anterior me recuerda la frase bíblica de que “Quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra”. Y añade:



¿Quieres que te envíe una lista de gente con la que podrías despacharte a gusto en tus críticas antes de llegar a Víctor Manuel?


Recojo el guante, y con la humildad del derrotado sin fuerzas ya para levantarse, escojo estos dos vídeos de desagravio y tristeza por las esperanzas rotas y por lo que pudo haber sido y no llegó a ser, pero...¡ fue hermoso mientras duró la ilusa ilusión de un mundo mejor, más solidario y más justo!

Ahora, ya sabes amigo: imposible volver, ni siquiera con la frente marchita y respecto a las nieves del tiempo... ya no encuentran lugar en el despoblado cráneo. O sea.

Víctor y Ana cambiando garbosamente de acera (Foto:Antonio Alonso)

Víctor Manuel: Una década, dos opciones


Tal como anunciaba en un post anterior hablando de “la evolución ideológica” de algunos de nuestros cantautores pongo aquí una muestra de darwinismo político harto vistosa, aunque , afortunadamente no generalizable y mucho menos “ejemplar.

Víctor Manuel le dedicó esta canción al Generalísimo don Francisco Franco Bahamonde en 1964, en conmemoración de los "25 años de Paz":

Hay un país
que la guerra marcó sin piedad.
Ese país
de cenizas logró resurgir.
Años costó
su tributo a la guerra pagar.
Hoy consiguió
que se admire y respete su paz.
No, no conocí
el azote de aquella invasión.
Vivo feliz
en la tierra que aquél levantó,
Gracias le doy
al gran hombre que supo alejar,
esa invasión
que la senda venía a cambiar.
Otros vendrán
que el camino no habrán de labrar.
Él lo labró,
a los otros les toca sembrar.
Otros vendrán
que el camino más limpio hallarán.
Deben seguir
por la senda que aquél nos marcó.
No han de ocultar
hacia el hombre que trajo esta paz,
su admiración,
y por favor,
pido, siga esta paz.

En 1976 formando parte del colectivo musical del PCE escribió esta otra canción dedicada a Pasionaria, deseando su pronto regreso a España.

Veremos a Dolores

Sí, veremos a Dolores a caminar
las calles de Madrid.

Quién te puede negar
si el tiempo transcurriendo confirmó
que esto no daba más
y que era inevitable la reconciliación.
Se gastan las palabras
golpeando contra el muro
pero ahí están las tuyas
cargadas de futuro.

Quién te puede negar
no hay tregua en el combate por la paz
desde el cincuenta y seis
tendimos nuestra mano a todos los demás.
Bandera infatigable
del hombre acorralado
de un pueblo que no quiere
vivir amordazado.

Quién nos puede negar
porque nos regatean respirar
quién se atreve a explicar
que sea un beneficio la clandestinidad.
Para otros los laureles
la regalada historia
que el único camino
nos lleve a la victoria.

En una entrevista concedida al diario "La Voz de Galicia" el 8de diciembre de 2007 atribuye su canción a Franco como "un acto de ignorancia". Ahora, en la sesentena ha visto la luz y en esa misma entrevista declara :

"-¿Le gusta cómo está gobernando Zapatero?

-Por supuesto, y sobre todo comparado con lo que tiene enfrente me enloquece. Yo creo, y lo he visto así desde el principio, que tiene la radicalidad del hombre bueno, es un buen tío y tiene las ideas muy claras. Se han aprobado leyes en este país que están dándole la vuelta."

Bueno, pues esperemos que no tenga más mutaciones adaptativas...




miércoles, 18 de marzo de 2009


El esperanto: un idioma militante

Siempre la lengua fue compañera del imperio”, declaró Antonio de Nebrija hace más de 500 años. La actual posición del inglés como vehículo de hegemonía y de penetración cultural da, sin duda, la razón a esta cita.
El actual predominio del inglés es un factor importante para que los productos de la industria científica y cultural norteamericana conquisten los mercados mundiales y para que las agencias de noticias de lengua inglesa dominen el mercado mundial de la información.
En este contexto, el uso internacional de algunas lenguas nacionales distorsiona los intercambios culturales y los flujos de información.

En otras palabras, distorsiona el mercado de ideas en favor de las élites económicas, políticas y de opinión de las grandes comunidades lingüísticas. Incluso dentro de los estados, las relaciones de poder se ven acompañadas en numerosas ocasiones de presiones sobre lenguas minoritarias, que interesan menos a las élites, y adquieren un estatus inferior.


La lucha contra la hegemonía debe tener también una componente lingüística, que equilibre las bases culturales y redimensione los flujos informativos, dando una oportunidad a algunas fuentes de información hoy en día menospreciadas. Desde las asociaciones de esperanto pensamos que existe una condición previa para alcanzar este objetivo: el empleo de una lengua neutral que, hoy por hoy, sólo es posible si ésta es construida y no es étnica. El Volapük precedió al esperanto. Más tarde aparecieron la Bahasa Indonesia (desarrollada por un lingüista alemán en los años ‘20 sobre la base de varias lenguas habladas en Java y hoy utilizada en Indonesia), Interlingua, Ido, Novial o Glosa. Pero, hasta el momento, la única propuesta lingüística que se ha mostrado viable es el esperanto.


El esperanto es un idioma iniciado en 1887 por el médico polaco Lázaro Zamenhof. Esta palabra, que significa “quien tiene esperanza”, fue adoptada por Zamenhof como un pseudónimo para su primer libro. Y se fue adoptando en el lenguaje popular como el nombre mismo de la lengua. Desde entonces, numerosos individuos y organizaciones de todo el planeta lo utilizan. A su alrededor se agrupan quienes lo ven como la solución más racional, justa y digna al problema causado por la diversidad lingüística. No pertenece a ningún pueblo o nación determinada, sino a todas por igual.

El esperanto, por tanto, no es una lengua de dominación de un pueblo sobre otro, sino un instrumento de colaboración y de comunicación.
Los elementos internacionales del esperanto se encuentran tanto en su vocabulario como en su gramática. De una parte, encontramos palabras que en los idiomas europeos más difundidos existen en forma casi idéntica, modificadas sólo para dar unidad y coherencia.

Por otra, su estructura gramatical lo asemeja a los grandes idiomas asiáticos, así que los hablantes de estas lenguas suelen identificarse con él de inmediato. Esta lengua posee 16 reglas gramaticales que no tienen excepciones, además de raíces de mayor alcance, mezcladas con las lenguas germánicas, románicas y eslavas. Posee un sistema regular de pronunciación y de acentuación, así como un sistema regular de formación de nuevas palabras.
Con esta forma de comunicación se busca la diversidad del ser humano, pues uno de sus objetivos es respetar las lenguas minoritarias y diversas culturas.

Las personas hablantes del esperanto se agrupan en asociaciones profesionales, artísticas y recreativas para promover su uso como lengua común entre personas de diferentes idiomas. Se habla en congresos internacionales y en la cotidianidad de los lugares más diversos. En las asociaciones locales se practica durante sus reuniones, e incluso se habla en el seno de familias cuyos cónyuges son de distinta nacionalidad.

El esperanto también ofrece un extenso abanico de obras originales y textos traducidos de los más diversos idiomas. Cerca de 200 revistas se publican regularmente en esta lengua, cuya presencia en internet está creciendo.
El apoyo de los movimientos sociales alternativos a la utilización del esperanto permitiría escapar de la lógica lingüística del capitalismo, de la lucha por el predominio lingüístico como parte integrante del enfrentamiento global

viernes, 13 de marzo de 2009


Razones para terminar con las corridas de toros

Según la RAE, una corrida de toros es "una fiesta que consiste en lidiar cierto número de toros en una plaza cerrada". Por su parte, lidiar es "luchar contra el toro hasta darle muerte". La tauromaquia es definida como "la ciencia del toreo". Toda ciencia, incluso ésta, se estructura como un conjunto de reglas, observaciones y maneras en que la corrida y la lidia de toros debe realizarse para cumplir su objetivo final: la muerte del animal.

Muchos pensamos que las corridas de toros son una práctica inhumana, que no tiene cabida en nuestra sociedad. Este artículo tiene argumentos para contestar, punto por punto, a los fanáticos de las corridas de toros que siguen apoyando esta crueldad innecesaria.

1. "La corrida de toros es un deporte" La definición de deporte según la RAE: "actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas"; hasta aquí estaríamos de acuerdo. Pero, decir que el toreo es un deporte de competencia igualitaria entre dos rivales, es falso, pues esta condición no se cumple. Los sucesivos escándalos por el afeitamiento de los toros (cortar o limar la punta de los cuernos al toro para que su lidia resulte menos peligrosa) o las investigaciones que han dejado ver la manera en que los toros son preparados para la corrida en toriles; dejan mucho que desear a una afirmación como que el enfrentamiento se da entre dos rivales en iguales condiciones. Hoy una corrida de toros es un espectáculo de engaño y falsedad, donde los machos se enfrentan a un animal completamente minado en sus facultades físicas mediante el cansancio y el dolor.

2. "Los toros son una tradición, y las tradiciones hay que mantenerlas" ¿Desde cuándo las apologías a la violencia y la destrucción son dignas de perpetuamiento histórico?. Tradiciones como la ablación femenina o la esclavitud -que persisten hoy en día- nos horrorizan... ¿por qué no una tradición cruel y sádica como la fiesta de los toros? Porque se trata de animales, seres autómatas para algunos, o medios al servicio de los fines humanos, para otros. Las tradiciones sustentadas en la violencia y el aniquilamiento no hacen más que perpetuar éstos comportamientos como dignos de práctica y seguimiento: si podemos matar un animal, ¿por qué no podremos matar también a nuestro enemigo político, o a todo aquel contra el que nuestras diferencias se vuelquen? Las tradiciones deben ser soporte de lo que nos define y construye, pero también de lo que esperamos en el futuro. La pretendida racionalidad de nuestras sociedades, y los nobles objetivos pacíficos en el mundo, están amenazados toda vez que dejamos a este tipo de tradiciones ser fundamento formativo de las nuevas generaciones.

3. "Las corridas de toros son un arte" El arte es un proceso de creación y construcción, que da vida, no la quita. Como interpretación de una representación mental, algunos autores han definido al toreo como seductor, en tanto niega lo absurdo y trágico de la muerte humana, trascendiendo y humillando la animalidad del toro. Para Hilda Salmerón, el toro le recuerda al hombre la angustia por lo limitado de su naturaleza animal, y se proyecta en una superioridad simulada ideando instrumentos de tortura y lidiando al toro con ellas a través de las diferentes suertes o lances de la corrida. Con ello, el torero representa la trascendencia a su propia condición mortal, a su propia condición animal. Sin embargo, lo que sucede no es el enfrentamiento de toro con torero, sino un animal contra el arsenal del torero. Éste destruye y aniquila, en búsqueda de la ansiada "inmortalidad" que consigue efímeramente bajo el disfraz de la fama, de salir por la puerta grande y de premiar al diestro a merced de las orejas y/o la cola de un pobre animal que ha sido el fantoche en la farsa. Este arte no construye ni da valor. Antes bien, destruye todo lo enaltecedor del arte para la vida humana.

4. "El toro muere dignamente" La dignidad es un valor y una categoría construida por los humanos para simbolizarnos cosas. Pero acá es utilizada para describir desde la perspectiva del toro lo que la muerte simboliza/ (ría) para él. Para un animal como el toro, el dolor es el dolor y la muerte es la muerte, no son dignas ni indignas. La muerte es el fin de su vida. Y mientras más rápido y de golpe suceda, mejor -al menos, esa sería para los humanos una muerte ideal. Para un toro la corrida es la muerte inminente; porque se diga o no, toro que pisa la arena termina en la sala de despiece (aún los indultados que tras irse a la dehesa la mayoría muere por las heridas recibidas). ¿Es digna una muerte lenta, dolorosa, torturante, asfixiante? ¿Una muerte en la que un toro es obligado a someterse a las torturas de un equipo de sádicos que dicen amar y respetar a los toros? (me imagino que los aman como una quimera y un ideal, si no, no me explico la tortura a la que someten a cada ejemplar en la arena). Eso no es dignidad.

5. "Los toros son cultura" En 1980, la UNESCO, máxima autoridad mundial en materia de cultura, emitió su opinión al respecto: "La tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y a los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la ciencia y la cultura". La cultura entendida según la RAE como "conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc." sólo será constructiva y válida mientras apueste por dar valor al ser humano, transformarlo en un ser más sensible, más inteligente, y más civilizado. La crueldad que humilla -a humanos o animales- y destruye por el dolor jamás se podrá considerar cultura. Esas sólo serán costumbres odiosas contra el mundo y contra sí mismos. Aún así, la AIT (Asociación Internacional de Tauromaquia) ha pedido a la Unesco que la tauromaquia sea considerada parte de los "Bienes Intangibles del Patrimonio de la Humanidad". Si la violencia, la crueldad y la barbarie son consideradas "Patrimonio de la Humanidad", esta petición será acogida.

6. "Sin corridas no habría toro bravo, éste desaparecería" El toro es un animal herbívoro. Gran parte de su vida consiste en buscar pastos para alimentarse, y no es bravo sino en las luchas territoriales, en la lucha por la reproducción y/o en situaciones de peligro. El toro es artificialmente manipulado y provocado para que responda de manera agresiva al torero. La casta brava de los toros ha sido genéticamente manipulada por el hombre para que sus ejemplares sean agresivos, tal como se han manipulado los ganados lecheros o de carne. En este caso, que se termine la fiesta de los toros significará el fin de la bravura del toro que es económicamente explotada por las ganaderías. No significa el fin de los toros, porque toros más -o menos- bravos pueden darse en otras sub-especies de toros.

7. "El toro no sufre" Como cualquier animal cefalizado y con un sistema nervioso central, sí siente: si vemos a una mosca posarse sobre el lomo de un toro, apenas la percibe éste trata de espantarla. ¿Cómo no sentirá un toro la puya, las banderillas o la espada? ¿O acaso el toro se orina y defeca en la corrida, porque le da pánico escénico? Peor si pensamos que en los toros no sólo éste es torturado, muchas veces los caballos de rejoneadores y/o picadores también caen heridos...Y ellos también sienten.

8. "El toro bravo nació para eso" El toro bravo fue criado y predeterminado por los criadores para ese destino. Fue un capricho y una voluntad humana, movida por diferentes intereses para los que el animal era un medio, lo que selló su suerte con ese destino. Ni Dios ni la patria ni la tradición hicieron del toro bravo lo que es. Fue el hombre quien lo manipuló y lo llevó a la medida de sus deseos. ¿Es justo darle vida a un animal para quitársela en un acto pleno de dolor y crueldad?

9. "El que quiera ver los toros que los vea, el que no que se vaya" Podría decirse lo mismo de la pedofilia: el que quiera hacerlo que lo haga, los otros, que hagan vista gorda y sigan su vida. Las temporadas taurinas, las escuelas y las ganaderías se financian con dineros públicos a través de donaciones, exenciones de pago de tasas, subsidios. Un porcentaje importante de personas que están contra las corridas de toros (68.8% de los españoles) no querrían que sus dineros fueran a dar al fomento de esta cruel tradición. Es fácil vivir la vida no mirando lo feo que ésta tiene. El regocijo en la tortura y la muerte de un animal son símbolos inequívocos de cierta decadencia -al estilo de la Roma del pan y el circo-. No podemos mirar hacia el lado cuando un animal sufre, y no tenemos reparo en reclamar frente a esto, tenga la tortura forma de torero, matarife, maltratador, vendedor de mascotas o empresario de entretenimientos que exploten animales...

Sé que algunos argumentos quedan fuera del artículo, pero creo que éstos resumen los más importantes. Finalmente, me pregunto ¿Por qué siempre han de darse argumentos contra las corridas de toros?: Acaso la crueldad ¿no es crueldad siempre, independientemente de si la víctima que la recibe es humano o animal?


domingo, 8 de marzo de 2009



Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Este hermoso poema de Mario Benedetti, es obviamente un canto a la alegría, pero una alegría vista desde la perspectiva de que no es un estado “natural” sino que requiere ser “defendida”, lo cual implica que va a ser “atacada” desde múltiples frentes: los propios de la fragilidad de la salud, los malos momentos económicos, las horas bajas de la melancolía y de toda una cuadrilla de humanos dispuestos a amargarnos la vida…pero también, y utilizando una paradoja humorística, Benedetti nos dice que incluso hay que defender la alegría de la imposición de estar alegres (me viene a la mente la Navidad y otros festejos de obligado regocijo), y para rematar la idea nos exhorta a guardarnos “del oportunismo y de los proxenetas de la risa”…


Y ahí quería desembocar yo: el otro día y en eso que hemos dado en llamar “navegar” por internet me encuentro con uno de los spots de apoyo a la campaña de nuestro actual presidente, el señor Zapatero. En él, como se recordará, un grupo de magníficos cantautores y artistas (y algún advenedizo) toman prestado el poema al que me refiero, convenientemente castrado y musicado por Serrat (un fallo lo tiene cualquiera, mi querido Joan Manuel, ego te absolvo) y utilizan y trastocan con fines cuanto menos dudosos, el que yo considero verdadero sentido del poema y que el autor expresa y resume en su última estrofa, olvidadizamente olvidada por nuestros amigos y que termina apelando a defender la alegría como un derecho frente a dios y sus designios, frente a las grandes mayúsculas (las ZP, por ejemplo) e incluso, añado yo, frente a esa alegría teatralizada, falsa, interesada y arrimada al poder de quienes en otros momentos (no todos) loaron con más seriedad y peligros otras opciones menos seguras, más arriesgadas.


Pero al desarrollo de esta transmutación ideológica de algunos dedicaré otro post menos visceral.

lunes, 23 de febrero de 2009



Quercus es el responsable del desaguisado. Me ha invitado a participar en el blog. He aceptado hacerlo aunque sea por una sola vez, pero también ha sido advertido de mis pocas aptitudes de escribidor. Lavo, pues mis manos.

Hablemos del hombre y sus rutinas. Entre ellas destaca la religiosa. La inmensa mayoría acepta la religión entendida como herencia o ni siquiera se lo plantea. Como cuando se hereda un nombre, o un jarrón chino, o un óleo de un antepasado.


O sea, a efectos estadísticos, cada cual figura adscrito a ese determinado credo recibido, sin arte ni parte. La gente puede ser: creyente, atea, agnóstica (o a lo mejor, sólo escéptica) o indiferente. Además está la religión de Santa Bárbara, o sea la de quienes sólo se acuerdan del tema cuando truena, a tenor del refrán archisabido. Consiste en esperar para decantarse sobre el asunto cuanto más tarde mejor, en el lecho mortuorio generalmente y ello por si las moscas... no vaya a ser que todo aquello que le dijeron de chico pudiera ser cierto. El colmo de la inconsecuencia, pero también la opción más frecuente, parece ser.

Esto da idea de hasta qué punto puede llegar la superficialidad de la mayoría de bípedos sin plumas a la que pertenecemos, (pero también puede haberlos con plumas pero eso es otro cantar que se puede dejar para otro día).

Prosigamos. "Religión" viene de "religare", volver a atar. Se presupone que el hombre, en su andadura, una vez estuvo ligado a ella (a la religión, claro) y se desató. Para eso se inventó el término y el concepto que nos ocupa. Es preciso dejar las cosas atadas y bien atadas porque si no, la gente se puede desmandar y ¡eso, no: orden y concierto!

Me pregunto que para qué necesitamos una religión si no nos puede dar razón incontrovertible a nuestras demandas del espíritu. Porque no la necesitamos para tener una moral incluso estricta. Bastaría para ello con la hombría de bien, la filosofía o la sensatez. Además, si somos morales por mandato desde arriba, o por temor del consiguiente garrotazo si transgredimos, poco mérito se le ve a la cosa.

Quizá mejor fuera practicarla por su valor intrínseco, sin temor si esperanza de nada, salvo la auto conformidad, que no es poco premio. Así pues, ¿qué valor puede tener la práctica de algo impuesto por coacción, frente a otra alternativa que sería la libre aceptación por convicción? Tampoco parecer ser necesaria la religión para obtener el equilibrio interior. Muchos abrazan la idea religiosa porque no han sabido dominar eso que se puede llamar "sed de vida": se puede domesticar este impulso y yo daría fe de ello. Personalmente me va bien en este sentido.


Cuando se entiende bien el mecanismo de la existencia, se acepta fácilmente la idea de perecederidad de todo, incluida la vida individual, tema que preocupa a muchos. La absoluta imposibilidad de morir es algo aterrador si se considera fríamente, sin influencias religiosas. La muerte es posiblemente el seguro más efectivo contra el infortunio.

Y finalmente, si pretendemos probar que hay un Dios creador para explicar la existencia de lo existente, inmediatamente nos surgirá la pregunta de las preguntas: ¿Y quién creó a Dios? Y la respuesta que nos dan las religiones no puede ser satisfactoria en modo alguno.


Se impone humildad y reconocimiento de nuestras limitaciones cognitivas. No podemos entender nada en este terreno. Se puede suponer que la realidad existe aunque tengamos vetado el camino de acceso a ella. Consejo práctico: tolerémonos y amémonos un poco si acaso podemos y aceptémonos como connavegantes en este buque sin timón y acaso sin capitán.

Pero ¿qué digo? Me estoy expresando como un predicador, ¡yo, que gracias a Dios, no creo en Dios!


Un abrazo para todas y todos.- Apolonius.-

sábado, 7 de febrero de 2009






Darwin: In memóriam


Mi amigo Vicent me envía este artículo conmemorativo del bicentenario del nacimiento de este gran naturalista.







EL VIAJE, LA MELANCOLÍA DEBILITANTE Y LAS EFEMÉRIDES.


El naturalista oficial de la travesía era el cirujano del barco, el doctor Robert McKormick. Las discrepancias con el estatus de un pasajero supernumerario incorporado a la expedición pocos días antes de zarpar hicieron que renunciara a su cargo y al viaje que iba a cambiar el mundo.


Robert Fitzroy era un militar aristocrático, inteligente y ambicioso que nunca confió demasiado en la fortaleza de sus emociones. Padecía agudas crisis depresivas que denominaba “melancolía debilitante”, y que achacaba a influencias biológicas hereditarias: su tío Lord Castlereagh, Secretario de Exteriores de Gran Bretaña, se había suicidado unos años antes. Por otro lado, el capitán Pringle Stokes, su antecesor al mando de la embarcación también había optado por ese trágico final.


La angustia vital o la melancolía debilitante no le impidieron ser un meticuloso observador de los fenómenos relacionados con la Climatología. En la actualidad, la comunidad científica reconoce sin excepción su enorme influencia en el desarrollo de la Meteorología.


Pero si Robert Fitzroy es uno de los protagonistas iniciales de este comentario no es por sus trastornos depresivos o la meteorología, sino porque era el capitán al mando del bergantín de tipo cherokee HMS Beagle en el que Charles Darwin circunnavegó el mundo entre los años 1831 y 1836.

La misión original del Beagle era medir las corrientes oceánicas y cartografiar algunas costas del Hemisferio Sur. El cálculo previsto para la travesía era de no menos de dos años.


Las costumbres navales de la Marina Real Británica de la época desaconsejaban a los capitanes aristócratas el contacto social con la tripulación y con los otros oficiales del barco.


Melancolía, soledad y falta de conversación pueden devenir compañeros de viaje inquietantes. Para cumplir la misión con más garantías el capitán Fitzroy contrató- a cargo de su peculio- a un pasajero supernumerario y de posición social adecuada.
Ese puesto, más de acompañante terapéutico que de recolector de fósiles o de cartógrafo, recayó en un estudiante de Teología que había concluido su formación académica pocos meses antes en la Universidad de Cambridge: el joven Charles Darwin.

Fitzroy iba a contribuir sin saberlo y muy a su pesar -defendió el “creacionismo” hasta el final de sus días- a socavar las bases de las concepciones míticas y religiosas sobre la denominada “cuestión del origen”.
Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 y publicó “El origen de las especies” en el año 1859.

Los peores temores del angustiado capitán se confirmaron: sin que se conozcan los motivos se suicidó en el año 1865.
Su caso bien puede resumir los intrincados vericuetos que acechan el dramático ensimismamiento de la condición humana. Si el Dr. Mckormick hubiera reprimido mejor su celo profesional, si Lord Castlereagh y el capitán Pringle Stokes no se hubieran suicidado o si Robert Fitzroy no hubiera sido maniaco depresivo, tal vez las efemérides de la historia contemporánea fueran otras. Lo que no es el caso.

La ONU ha decidido que el 2009 sea declarado el año Darwin. Por el momento, ni la conmemoración del bicentenario de su nacimiento, ni los 150 años transcurridos desde la publicación de su obra canónica tienen la repercusión merecida en la ciudad en que vivo. No creo que sea casual.

Sirva este comentario como sincero homenaje a la memoria del autor de la teoría de la evolución
.

PD
Lo mejor de este comentario lo pueden ampliar con la lectura del libro de Stephen Jay Gould “Brontosaurus y la nalga del ministro”. No rastreen demasiado el origen de lo peor. Gracias.

Vicent

jueves, 22 de enero de 2009



GAZA

La muerte de un hijo debe ser la experiencia más dolorosa que existe, mis padres la sufrieron en todas sus vísceras, nunca se repusieron del mazazo; mi hermana y yo hemos sufrido durante nuestras vidas las consecuencias de ese luto perpetuo, de esa tristeza aparentemente cicatrizada por los años, pero supurante en determinadas fechas. Quiero decir que conozco por aproximación, sólo por aproximación, lo que puede lacerar la muerte de un niño; si la muerte es por asesinato ya ni me atrevo a opinar.


La introducción la hago porque mi amigo Vicent en uno de sus comentarios (éste especialmente condensado, lacónico, con palabras como bisturíes) habla de las escalofriantes cifras de niños que mueren diariamente y que seguramente son mucho más altas de las que se nos dan a conocer.

Me subleva como a él que se olviden las muertes silenciadas -por consabidas, por habituales, por asumidas, porque no son noticia- y, aunque éstas, las recientes, las frescas, tengan el mismo valor que las otras, nos las meten en casa porque “los medios” así lo han decidido, pero con trampa: son víctimas inocentes de un enfrentamiento entre un pueblo que defiende su derecho a existir (aunque fuera mediante la creación de un estado artificial, como premio a su contribución monetaria a una guerra y como compensación a los que fueron gaseados, torturados , humillados) y un grupo terrorista al que hay que eliminar a toda costa y que cobardemente utiliza “escudos humanos” mientras lanza misiles.

“Usted póngase en nuestro lugar, el de los israelitas ¿no defendería a su pueblo hostigado, no trataría de acabar con los fanáticos aunque se produjera algún “efecto colateral indeseado? Nosotros también tenemos niños y mucha más antigüedad en lo que a ser atacados se refiere".

"Ni la ONU, ni los gobiernos, ni siquiera la gente (desinformada) tienen derecho a exigirnos nada, estamos en guerra.
Eso sí haran una tregua para no restar protagonismo al show del reciente amo del mundo en su día de vino y rosas. Después ya hablarán, por lo pronto le hemos pagado un viaje al muro de las lamentaciones y le hemos hecho unas fotos para que no se olvide."

Sí, Vicent, el número de muertos que estos días se han producido en Gaza, es comparativamente muy pequeño con respecto a la globalidad del genocidio a escala mundial, pero han decidido que tenemos que sufrir ahora con estas imágenes y no con otras. Los niños palestinos son hoy noticia, mañana dejarán de serlo dejando paso a otra escalofriante cita de cadáveres por malaria en África, por la participación de menores como soldados, por víctimas de minas, de maltratos, de abandonos, del sida, de experimentos médicos sin escrúpulos, de drogas, de…de….de…


Calificas tu comentario de “arisco”, sabes bien que te quedas corto, que la palabra es demasiado suave, que lo que estás, lo que estamos, es asqueados de tanta manipulación, hundidos ante la infinita impotencia de no poder hacer nada, de saber que no va a influir que unos cuantos miles salgamos a gritarles a quien no oye (ni menos escucha), que nuestras limosnas no arreglan casi nada, que tampoco serviría empuñar una piedra o una metralleta…


Lo hemos hablado mil veces: somos unos derrotados, la utopía que alguna vez creímos posible tropieza con el muro infranqueable de la naturaleza humana que aunque tenga algunas excepciones individuales o colectivas (pero que sólo afloran en momentos heroicos pero breves) no es suficiente ante la concentración de maldad inconmensurable de quienes detentan el “poder y la gloria” de los holocaustos vistosos y conmovedores, o subterráneos y malolientes.

Estamos en manos de unos asesinos que hasta parecen no ser conscientes de serlo. ¡Tal es el grado de pureza en su destilado de bilis que hasta encuentran justificación para sus genocidios activos o pasivos, por acción u omisión!


Cuando nos despistamos - la lucidez continuada sólo puede conducir a la amargura, cuanto menos- somos más ilusos que los negros usa afroamericanos queriendo creer que otro negro por el hecho de serlo se va a enfrentar a los poderosos que, graciosamente, han permitido que sea reina por un día.

Y yo/tú/nosotros (remedando a Javier Krahe…como unos gilipollas, madre) con nuestra voz en grito ahogado, nuestra buena voluntad, nuestro precario humanismo, nuestro clavel en el cañón del fusil que nos colocó un día una niña portuguesa aupada en su sonrisa…


Aquí estamos ya sin esperar un milagro ni siquiera ateo, sin esperar a un Godot porque sabemos que no vendrá a la cita, en una posición que creemos resistente, enrocados, hechos una piña defensiva con los restos éticos salvados del naufragio, pero inevitablemente…


¡Cabreados como aquel mono del zoo, enjaulado y viejo (yo presencié la escena) que después de haber recogido un cucurucho lanzado por un humanoide y tras la sorpresa de que en el interior sólo estaban las cáscaras, se fue a un rincón, cagó disimuladamente sobre su propia mano y con un gesto de desprecio le arrojó la mierda a la cara! Todo un ejemplo a imitar.



jueves, 15 de enero de 2009

Jacques y familia Foto: Cordon Press

"Ne me quitte pas" (o "¡A buenas horas , mangas verdes!")

En un escrito anterior loaba sin mesura esta canción de Jacques Brel, calificándola, como tantas otras personas, como la canción amorosa más dramática, desgarradora y bella jamás escrita. Sin rebajar un ápice su calidad y su capacidad para conmover añado ahora algunas cirscunstancias que rodearon su creación, a saber:

Él mismo la calificó como :«Es la historia de un gilipollas, de un fracasado, de un cobarde».
Yo creo que Brel no era un gilipollas, era un poquito pérfido (lo decía su amiga y también cantante Barbara) o simplemente "Humano , demasiado humano", como lo titularía Nietzsche.

Cuenta Gonzalo Ugidos en Magazine que…"Su mujer y sus tres hijas seguían en Bruselas, pero todo París sabía de los amores adúlteros de un Brel atormentado por la culpa. La Rapsodia número 2 de Liszt y su amante, Suzanne Gabriello, inspiraron la música y la letra del Ne me quitte pas. Ella tenía 23 años cuando se conocieron, cabellos cortos y negros, ojos sombríos y una pizca de impertinencia. Fueron cinco años de ducha escocesa: ahora me voy, ahora me quedo, no volveremos a vernos, ni contigo ni sin ti. Una decena de falsas separaciones unen a Brel y a Zizou, como él la llamaba.
Cuando ella quedó embarazada, él prometió que se divorciaría, pero no aceptó la paternidad y además compartió a Zizou con otra amante. Ella intentó suicidarse y lo abandonó. Fue entonces cuando, desgarrado por el miedo, Brel escribió" Ne me quitte pas".

Conclusión, (que de eso se trata y no de un cotilleo): como en tantas creaciones artísticas o incluso científicas, es mejor contemplarlas desde tu propio yo (y tu circunstancia), apropiártelas, condimentarlas con tu imaginación o tu experiencia personal y no indagar demasiado en la vida y milagros del autor... puede ser peligrosamente decepcionante.

O, por el contrario, puede servir para desmitificar, bajar del pedestal a nuestros ídolos y situarlos en su humana dimensión, más cercana a la nuestra, y , por ello, más comprensible y cercana, más aprehensible.

Cuestión de optar: la realidad, la ensoñación…