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viernes, 21 de mayo de 2010


Sigourney Weaver, la teniente Ripley

Sigourney Weaver, como se puede apreciar en la foto, es una mujer atractiva, con una mirada viva, inteligente y seductora: una sesentañera con trapío.

Estudió literatura en la elitista universidad de Stanford y en la escuela de artes dramáticas de Yale.

No reparé en ella cuando Woody Allen le dio un ínfimo papel en Annie Hall; en mi disculpa diré que solo estuvo seis segundos en pantalla, pero me comprometo a ver la película por enésima vez para localizarla.

Un año después, (1979) ya como la valiente teniente Ripley protagonizó la que considero la mejor película de ciencia ficción (mis respetos hacia quien elija Blade Runner o 2001).

Naturalmente me refiero a “Alien, el octavo pasajero”, del director Ridley Scott en donde creo que por primera vez la heroína es una mujer.

Cuento la trama para refrescar la memoria de los que la han visto, los que no lo hayan hecho, jovenzuelos o adultos pecadores que la vean so pena de excomunión.

Siete tripulantes- Dallas (Tom Skerritt), comandante de la misión, Ripley (Sigourney Weaver), Kane (John Hurt), Brett (Harry Dean Stanton), Parker (Yaphet Kotto), Lambert (Veronica Cartwright) y Ash (Ian Holm)- viajan a bordo de una nave comercial llamada Nostromo. Están hibernados a la espera de llegar a su destino, que no es otro que la Tierra. Pero son despertados por un aviso que ha detectado el ordenador de la nave, y que proviene de un planeta cercano. El comandante de la nave decide investigar ya que considera que podría tratarse de una llamada de socorro.
Dentro de la nave alienígena, Kane descubre una enorme cámara llena de numerosos huevos, uno de los cuales libera una criatura que se adhiere a su casco, rompiendo su visor y dejándolo inconsciente.
Dallas y Lambert lo llevan hasta la Nostromo, donde Ash les permite entrar desaconsejando el protocolo de cuarentena propuesto por Ripley. Allí intentan arrancar a la criatura del rostro de Kane, descubriendo que su sangre es extremadamente corrosiva. Finalmente, la criatura se desprende por sí sola y cae muerta. Con la nave reparada, la tripulación despega, acopla el remolque y emprende el viaje hacia la Tierra.
Una vez a bordo de la Nostromo y con la oposición de Ripley, quien prefería respetar el tiempo de cuarentena, Kane queda bajo observación. Poco tiempo después parece que se ha recuperado, pero es sólo un espejismo. El alienígena está dentro de su cuerpo. A partir de ahí empieza la caza del alien, ya que éste se ha propuesto acabar, uno a uno, con todos los tripulantes de la Nostromo.

La película no te deja un momento de respiro, las transmutaciones del bicho en una dirección hacia lo humanoide, como en una especie de evolución vampírica que aumenta su inteligencia y cambia su forma con cada una de las muertes que ejecuta, provoca una sensación permanente de pánico. El ambiente aséptico, luminoso y tranquilizador de los lugares habitados de la nave, contrasta con el del que podríamos llamar las tripas de la misma: claustrófico, agobiante, casi irrespirable; una interminable serie de conductos oscuros donde la amenaza puede aparecer en cualquier momento.

En este contexto nos encontramos a Sigourney Weaver, la teniente Ripley última superviviente de los crímenes de lesa astronomidad, que cree haber matado al monstruo y se dispone a ponerse cómoda para volver a hibernar camino de la Tierra.
Pero no, el alien está allí agazapado, cual lobo feroz dispuesto a saltar de un momento a otro sobre Caperucita. Pero algo lo detiene…en la evolución mencionada se ha hecho sensible a la belleza femenina y él como yo, (y muchos más supongo) cortamos la respiración, nos hacemos todo ojos y contemplamos con recreación las larguísimas piernas de Ripley, su atlético cuerpo y tratamos de imaginar lo que se adivina tras la camiseta, aunque el modelito sea tipo obrero de la construcción.
Una secuencia de voyeurismo compartido en que por primera y última vez te solidariza con el alien.
Para el que no se lo crea, aquí dejo la foto.



Después hubo más Aliens, con la misma protagonista y su mismo carácter que no se arredra ante nada, pero...es lo mismo, pero no es igual.
Después Sigourney ha intervenido en multitud de películas, casi siempre en papeles estelares y con una solvencia actoral contrastada, de ellas destaco la ya comentada La muerte y la doncella, Gorilas en la niebla y Mi mapa del mundo.

Como se puede apreciar son películas en las que se requiere una mujer con carácter, con registros de acción o dramáticos; no me gustan, en cambio, por comparación las que en clave de comedia nos la presentan como una señora provocadora, arregladita y maquilladamente seductora.



El atractivo de Sigourney no está en el envoltorio, sino en su penetrante mirada, su expresividad y su fuerza interpretativa no exenta de ternura y feminidad cuando el guión lo requiere, y como testigos ahí están los gorilas que al parecer le tomaron mucho cariño.

martes, 11 de mayo de 2010

La muerte y la doncella
(o Polanski y Schubert)


Hay veces en que el maridaje entre una película y la música es perfecto, así sucede en mi opinión entre el film de Polanski y el cuarteto de cuerdas n.º14 en re menor de Schubert.

Polanski, dominador de las tinieblas del ser humano, y tenebroso él mismo, nos ofrece un paseo por el infierno de la tortura física con sus huellas nunca cicatrizadas en la mente.

En una pirueta del guión un poco forzada, (pero el azar es siempre azaroso) se encuentran torturador (Ben Kingsley) y torturada (Sigourney Weaver) invirtiéndose los roles ante un tercer personaje (el marido de ella) mitad observador que quiere ser razonable y que no confía demasiado en la salud psíqica de su compañera, mitad político mezquino (perdón por la casi redundancia) el cual, restaurada la democracia formal en ese país innominado de latino-america, va a iniciar una brillante carrera que podría verse truncada si a ella se le fuera la mano en su reacción violenta, vengativa y justiciera al querer que el torturador reconozca los hechos y pague una mínima parte de lo que a ella le sucedió.

Los indicios que ella maneja son olfativos y sobretodo auditivos : el timbre de voz del verdugo y la música de Schubert que invariablemente sonaba de fondo cuando la violaba.
No podía el director haber elegido mejor la música, el cuarteto es poderoso, lacerante y según qué pasajes hermosamente lírico (un descanso entre martirio y martirio) para retomar la fuerza de la lucha entre la doncella que quiere vivir y la muerte amenazante. Por algo este cuarteto fue escrito por Schubert en un momento terminal, carcomido por la sífilis.


La película plantea muchos interrogantes de difícil respuesta:

¿Debe pasarse página tras una dictadura sangrienta como si nada hubiera sucedido?
¿Pueden rehabilitarse y reintegrarse a la vida normal los torturadores?
¿Cualquiera de nosotros en circunstancias de impunidad puede llegar a torturar?
¿Los torturadores pueden ser sensibles al arte, la música en este caso, y al amor en todas sus vertientes?
¿Es mejor olvidar que tomarse la justicia por propia mano?
¿Merecen la pena de muerte o la prisión de por vida los torturadores?

En Callosa de Segura conocí a alguien que había sido torturado a cara descubierta por un miembro de la brigada político-social, le pregunté que haría si se lo encontrase y lo reconociera.
En la primera cerveza me dijo que no se acordaba ya de sus facciones y que lo pasado, pasado estaba, que el ojo por ojo no conducía a nada. Tras la cuarta cerveza, Y cuando ya estábamos hablando de cotidianeidades, se le inyectaron de rabia y odio reprimido los ojos y con violencia vomitó estas palabras: me acuerdo perfectamente de su cara, de su mirada, de sus gritos y de los míos; lo reconocería en cualquier lugar, en medio de una multitud… y si pudiera lo mataría.
Pues eso, que este hombre le hubiera dado otro final a la película, es posible que la hubiese titulado “Sin perdón” y probablemente nunca hubiese escuchado más “La muerte y la doncella” por muy hermosa que sea la pieza musical.

viernes, 19 de febrero de 2010


Alrededor de la medianoche

(Bertrand Tavernier, 1986)


Esta película tiene dos protagonistas: el jazz y la amistad.

El primero está encarnado por un gran saxofonista americano (Dexter Gordon) y el otro por un publicista francés sin muchos recursos económicos pero dispuesto a darlo todo por salvar el genio creativo y la persona alcoholizada que lo hace posible.


El fondo paisajístico lo ofrece un París casi siempre nocturno con clubes de humo y alcohol, escenario imprescindible para el buen amante de jazz de los años cincuenta en los que se desarrolla la historia.

Dexter Gordon, en su primera y única aparición estelar, cumple a la perfección su papel dentro y fuera de las sesiones jazzísticas (acompañado por un magnífico conjunto liderado por el pianista Herbie Hancock).


Actúa con naturalidad representando el papel de otro saxofonista, Dale Turner,cuya vida en su penúltimo capítulo, en París, antes del hundimiento final en su vuelta a Nueva York, nos quiere narrar el gran Tavernier.

La vida de Turner y la de Gordon debieron tener tantos trazos comunes que hace perfectamente creíble la película y difícil de imaginar que nadie, sino otro músico con la misma sensibilidad, hubiera podido protagonizarla.


Turner/ Gordon es un hombre cansado que vive sólo por y para la música, que sueña con armonías imposibles de interpretar y que piensa que ya ha agotado sus posibilidades.

Se siente heredero de la música clásica del periodo modernista francés (Debussy, Ravel) y de sus continuadores en el terreno del jazz: los creadores del bebop (Parker, Gillespie, Monk…) rompedores de moldes y corsés que habían establecido los grupos y orquestas “de blancos” con su descafeinamiento de la música negra, refugio y rebeldía de un sector marginado, convirtiéndola en una música amable, para bailar.


Es un hombre humilde, afable y casi inseguro, que continuamente pregunta “¿He estado bien?”, y que expresa sin envidias su admiración por sus compañeros del saxo tenor: Young, Hawkins y Webster.


Asistimos, queda ya dicho, al final de una etapa personal que le conduce a las drogas y a la muerte cuando decide “suicidarse” volviendo a Nueva York, pero es hermoso el paréntesis parisino de abstemia, para compensar tanta amistad y tanto amor al jazz.


A propósito, quien no haya leído el relato “El perseguidor” de Cortázar que lo haga. Quizás encuentre ahí la fuente de inspiración.

viernes, 22 de enero de 2010


Críticos con criterio crítico: Carlos Boyero

Hace tiempo y bajo el mismo título que aparece sobre estas líneas dediqué un comentario elogioso a Antonio Gasset, uniendo su nombre al de Carlos Boyero, como ejemplos de críticos de cine llamémosles “peculiares”.


Decía entonces y reitero ahora que se puede no estar de acuerdo con ellos pero se agradece su forma poco académica, personal y arriesgada de abordar sus comentarios.
Seguramente son eruditos pero no hacen alarde de ello, sus valoraciones tienen un grado de subjetividad que invita a la discusión, a la discrepancia, al tratamiento de tú a tú.


El caso de Carlos Boyero es quizás más exagerado que el de Antonio Gasset, es un tipo que opina con rotundidad pero que es capaz de desdecirse o reconsiderar su opinión si llega a la conclusión de que en el momento de emitir su juicio crítico no estaba “en un buen momento”.
Digamos que es un personaje muy humano (en su doble sentido), que no se corta a la hora de enfadarse con los que le preguntan en los chats de los periódicos en los que escribe y que incluso pierde las formas y las buenas maneras, es un provocador.


No es que esta actitud me parezca elogiable pero en el fondo me gustan estos prójimos/próximos que sacan a pasear sus debilidades en público – como Umbral, como Fernán Gómez- y son capaces de organizar la marimorena. Y me gustan, digo, porque detrás de esas invectivas que presagian relaciones difíciles en el trato directo, adivino una sinceridad y una lealtad más allá o más acá del aparente egocentrismo y casi endiosamiento que muestran exteriormente.


A Carlos Boyero me lo puedo imaginar conteniendo las lágrimas visionando una película y también levantándose cabreado de la butaca ante lo que considera un bodrio infumable (esto último no me lo tengo que imaginar, sucedió en un Festival famoso y fue criticado por un montón de prestigiosos cineastas que consideraron, con razón, que su gesto fue poco profesional).
Por eso, porque me parece una persona lunática, genial, inteligente y con opinión propia leo sus críticas para aprender o para cabrearme yo también con él.


Anoche, después de ver “La teta asustada”, Oso de Oro del Festival de Berlín, quise conocer lo que Boyero opinaba de ella, encontré su crítica, la leí y me gustaría haber podido hablar con él, copita en mano, para discrepar amigablemente (o no).



Dejo aquí un extracto como muestra de su forma de hacer:

“La teta asustada (reconozco que el título posee ovarios), dirigida con sentimiento y conocimiento por Claudia Llosa, no me provoca ni de lejos ni de cerca ningún volcán anímico. Centrada en el sufrimiento psíquico de una indígena peruana debido a la maldita herencia que pilló de su violada y consecuentemente desquiciada madre, intenta extraer lacerante poesía y costumbrismo veraz de la cotidianidad o la tragedia de gente herida, humillada, traumada y resignada.
Cine con planteamiento honesto (no sé qué significa concepto tan enfático, pero sé que se usa mucho, aunque rara vez constato que aparezca el arte), intérpretes que no saben o no necesitan interpretar, sensación de realismo y bienintencionadas intenciones. O sea, un material tan correcto como tibio para los placeres que yo sigo esperando en el cine.
Esta Berlinale ha sido aún más intranscendente que mediocre, pero los premios le podían haber caído a cualquiera. Me voy a tirar el rollo. Bienvenido sea el multiculturalismo, el galardón a la simpleza exótica, la certidumbre de que hay que reconocer en público el mérito del cine personal y posibilista que no mantiene ninguno de los al parecer obscenos ganchos que embrutecen al espectador convencional, las películas invisibles que nos hablan con un lenguaje distinto de la problemática de los seres humanos en cualquier e ignorada parte del universo. Qué pesadez, qué muermo, qué mentira.”

No tienen desperdicio las frases finales con las que acaba su comentario:


“Me parece normal que nos quedemos en paro hasta en esta profesión tan rara, tan inútil y tan contaminada de los críticos de cine. Peor, me contaba un amigo castizo, es andar picando piedra.”

martes, 22 de diciembre de 2009



El discreto encanto de la burguesía

(Luis Buñuel, 1972)


Me atrevo a utilizar el verbo “visionar”, atribuyéndome con ello la función de crítico o de jurado, porque el verbo “ver” se me queda corto cuando trato de revisitar (otro palabro) una película que ya he visto y de la que deseo extraer su jugo.
Otra cosa es que después, a la hora de analizarla, me salga una chapuza o me quede con el culo al aire porque no haya entendido de la misa la media.
El caso es que ayer, visioné esta película de don Luis y recordé los tiempos de los cinefórums en los que ante un film como éste se escuchaban opiniones sensatas junto a otras del tipo “rizar el rizo”.


A Buñuel le concedieron el único Óscar de su carrera por este film y él contaba que fue “porque ya había pagado los 25.000 dólares exigidos y ya se sabe que los norteamericanos son muy serios”, frase que provocó un gran escándalo entre los mojigatos que no conocían el humor del director de Calanda.


Lo primero que se me ocurre para empezar el comentario es que la burguesía no tiene encanto y de ahí que Buñuel antepusiera el adjetivo “discreto” al título.
En efecto, los burgueses que nos retrata son unos señores y sus respectivas señoras que pasan el tiempo de ocio, el único que parecen conocer, invitándose a cenar sin que nunca lleguen a culminar la acción por causas de lo más peregrinas y absurdas.


Esa burguesía aburrida y frustrada, que no encuentra el camino (hay varios insertos del grupo caminando aceleradamente por carreteras que no llevan a ninguna parte) y que tampoco parece buscarlo, vive de la apariencia en la cotidianeidad y de los negocios sucios en lo monetario.
Pero la burguesía, como clase social, tiene en la película (y en la vida real) grandes aliados que, o bien ocultan sus desfalcos, o bien le dan el soporte espiritual (el clero institucional) y el poder militar.


Estos dos estamentos se incluyen en la cinta de forma que caen en la ridiculez (las maniobras de juguete del ejército) o directamente en la crueldad (el obispo que dispara al moribundo después, eso sí, de haberlo confesado).
Buñuel clava sus dardos en los personajes, pero lo hace de una forma colectiva, coral, sin detenerse en definir demasiado las individualidades aunque la talla de algunos actores haga destacar a unos sobre otros.


El clima dominante es el que caracteriza buena parte de la obra del director: el surrealismo, pero el surrealismo en su versión politizada, la que arremete contra el estatus y la moral burguesa. No faltan, sin embargo, los componentes estéticos e irracionales, las visiones oníricas y subconscientes.


Así, en uno de los sueños que aparecen en la película, Buñuel deja entrever su obsesión por la muerte, su miedo a la irrealidad dentro de la realidad.


En otra escena los comensales, dentro de otro sueño, están participando sin ellos saberlo en una representación teatral ante un público del que se quieren ocultar y con el que no tienen nada en común.



Resulta gracioso el aggiornamento del obispo, que ante las nuevas corrientes izquierdistas de la iglesia (los curas obreros, la teología de la liberación), decide pedir trabajo de jardinero, ejerciendo este papel con la indumentaria y sumisión correspondiente cuando está en casa de los señores, para volver a su cargo jerárquico y su vestimenta pertinente cuando sale de ese ámbito, disfraces que no lo libran de manifestar su profunda incultura fuera del recinto teológico.
La plasmación de la unidad de intereses entre iglesia y ejército nos la muestra una secuencia en la que uno de los burgueses coloca sobre la cabeza del obispo un supuesto sombrero de Napoleón, que le encaja perfectamente, lo que provoca las risas del grupo y la reacción suavemente airada de monseñor.


Como no podía ser de otro modo, entre la hipocresía y la amoralidad de la clase reflejada se nos muestra el adulterio quasi-consentido, la falsa comprensión (“yo, hasta sería socialista si creyeran en Dios”), el desprecio por la vida humana (“a los estudiantes, como a las molestas moscas, se les da dos paletazos y ya está”).
Hay un montón de situaciones cuya explicación no alcanzo a interpretar; quiero suponer que son caprichos, ocurrencias e improvisaciones del genio de Buñuel o del niño gamberro que llevaba dentro.

viernes, 20 de noviembre de 2009


Argentina , mon amour (2)

Esto que empiezo a escribir es en realidad una continuación no prevista de la entrada anterior en la que me metía cariñosamente con una parte de los argentinos.

Viene al caso porque ayer vi una película española, “Pagafantas” en la que la causa de todas las frustraciones, pequeñas desgracias, equívocos y demás situaciones suavemente trágicas e incluso las situaciones cómicas en las que se ve envuelto el protagonista, vienen de la mano de una preciosa argentinita provocadora, enredante, generadora de ambigüedades, pero, como no, encandiladora y pelín tramposilla.

Vuelve pues el cine a mostrarme/demostrarme esa idiosincrasia especial, esa argentinidad capaz de estrujar el jugo de la vida y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, estrujar la savia del inocente y enamoradizo varoncito español (vasco, perdón) que se cruza con intenciones erótico-amorosas y recibe a cambio abrazos fraternales, una boda que le facilite a ella la nacionalidad (esta vez sí, española) y un inesperado viaje.

La mocita, además se cachondea, de buen rollo, de nuestra forma de hablar: tan solemne, tan rotunda, tan golpeadita, tan salpicada de tacos con mucha “ñ” y mucha “j”.

El cartel publicitario lo dice todo: la jovencita se le/nos sube a la chepa… tan sonriente, tan natural.

Y ya que estamos... la película es una fresca comedia con diálogos ágiles, situaciones juveniles (ay, diría Umbral) que te hacen sonreír junto a reflexiones de adultos sobre la química del enamoramiento y los signos diferenciadores de lo que únicamente puede ser sólo amistad; apuntes que no por conocidos dejan de tener su aquél, su recuerdo, su cosa.

Para pasar, en fin, una buena tarde de domingo, justo antes de que recuerdes que el día siguiente es lunes.




miércoles, 18 de noviembre de 2009

Señora Beba (Cama adentro)

Cuando voy a ver una película argentina estoy predispuesto a que me guste, casi tengo la plena seguridad de que al menos los actores van a hacer su papel a la perfección, no sólo los protagonistas sino todo el reparto, niños incluidos.
Y es que estoy convencido de que los argentinos nacen ya actores , tienen una facilidad natural , un gen actoral.

Esto, que para el cine es una innegable cualidad puede resultar peligroso - lo digo por experiencia propia – en la vida real; la musicalidad en la forma de hablar el español , su expresividad, sus manifestaciones de cariño (reales o ficticias), hacen que se teja una especie de enredadera en torno tuyo (la célebre madreselva del tango) de la que es difícil sustraerse. Sé que toda generalización conduce a la creación de tópicos, exageraciones y falseamientos pero conozco a muchas personas que ponen el freno de mano cuando de cuestiones económicas tratan con argentinos, sobre todo cuando afirman ser bonaerenses, y, por lo visto, casi todos dicen serlo.
Reconozco, no obstante, mi propensión a dejarme encandilar, embobar casi, por la seductora argentinidad y no olvido que mi escritor de cabecera es Cortázar, aunque creo que él también tenía en esta materia el "corazón partío", conviviendo a duras penas con "el lado de acá y el lado de allá".

Pero volviendo a la película que vi ayer, tengo que decir que, como era previsible, me gustó.


Es verdad que el telón de fondo no es nuevo: la situación económica inestable, la sufrida clase media, las deudas, la plata como palabra repetida hasta la saciedad, Buenos Aires como capital europea, la forma de vivir siempre por encima de las posibilidades reales, las trampas, los engaños, etc.

Pero, junto a eso, la vida cotidiana, la humana humanidad late de una forma creíble, natural.
Los personajes están tan bien trazados que aunque no haya un gran argumento ni sorpresas narrativas, te identificas con esa relación contradictoria, aristada y tierna al mismo tiempo, entre una madura burguesita (inútil, clasista, alcohólica, verborreica) y su mucama de toda la vida (trabajadora, ahorradora, lacónica): dos mujeres unidas en el fondo por la soledad y el desamor que las hace interdependientes y que, pese a las diferencias abismales que las separan, no pueden concebir la existencia separadas.

Me quedo corto, lo sé. Falta el análisis sociopolítico: la dominación de una clase social sobre la otra, la explotación del proletariado y hasta su miajita de síndrome de Estocolmo, pero como dijo Sabina en una ocasión " Ya sé que no tengo razón y que lo de los toros es una barbaridad… pero es que me gustan muncho (sic)".

Pues eso, las películas argentinas me gustan muncho (otro sic).

viernes, 23 de octubre de 2009


"Si la cosa funciona" o "La vejes e´ mu mala"

Me lo advertí a mí mismo: “Le tengo miedo a la última película de Woody Allen”. Premonitorio.

La vejez no es sinónimo de sabiduría en la mayoría de los casos y mi otrora admirado Woody no es una excepción.
Su película “Si la cosa funciona” es PATÉTICA, que según la definición de quien se encarga de limpiar, pulir y dar esplendor a nuestra lengua significa: “Que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía”.

Pues eso: dolor, tristeza y melancolía ante este vejete verde que vuelve a su Nueva York una vez superado el trauma de haberse quedado sin sus Torres Gemelas pero mostrándonos como símbolo inmortal la Estatua de la Libertad, diseñada y regalada por el “amigo francés” para iluminar al mundo.

Como si esta fuera su última película, Allen se sube al púlpito en los cinco primeros minutos de la proyección y nos hace un resumen de todas sus profundas y concluyentes reflexiones sobre la “especie fallida” pero sin la frescura y el gracejo de cuando nos las iba ofreciendo poco a poco en el montón de buenas obras que nos ha legado.

Así, el actor seleccionado para construir su alter ego, más alto y agraciado que él, pero del pueblo elegido, por supuesto, nos recita ya desde el primer momento una perorata que pretende dejar a Cioran como un optimista ingenuo: resulta que las ideologías y las religiones son constructos bientencionados pero fallan por la estultez humana… para ese viaje de cosmogonía mental no necesitábamos alforjas.

Y eso lo dice dirigiéndose a los espectadores del otro lado de la pantalla “que han pagado su entrada (no es mi caso, que pertenezco al sector mulero/somalí) y que comen palomitas o ponen cara de estúpidos neandertales”.

La homilía, juro, no tiene desperdicio: hace moralina de la amoralidad, fanatismo del nihilismo y superficialismo del horror… y todo ello pretendiendo ser gracioso.

No me extraña que poniéndose en este plan no se coma un rosco en yanquilandia, fuera de su corralito neoyorquino… porque, además, y para redondear, nos saca a un matrimonio de catetos de la América profunda que a los cuatro días de vivir en la Gran Manzana se liberan de sus represiones y él descubre que es homosexual de toda la vida y ella que tenía una vocación oculta de fan del ménage à trois, al margen de ser descubierta como una gran artista de la fotografía y el diseño.

¡Ah!, y hablando de homosexualidad… también nos brinda la oportunidad de que reflexionemos sobre si Dios era gay. Menos mal que dice “dios, así en genérico, y no se atreve a decir “Alá” por si las moscas, que los mahometanos no entienden el humor alleniano

Pero en la película hay muchas lindezas más tales como que en su América hay más racismo hacia los judíos que hacia los negros (éstos tienen el pene grande, aquellos pequeño).

Claro que como no podía ser de otro modo analizando su trayectoria final, nos adorna la película con una encantadora jovenzuela inculta pero dispuesta a tomar lecciones del maestro y hasta a casarse con él (y su viagra, que ella incomprensiblemente también toma). A estas alturas la Johansson ya le debe parecer una señora mayor y, como a otros genios del cine (Chaplin, por poner un ejemplo) le gusta rozar los límites de la pederastia.

Al final todo vuelve a los cauces de la progresía pequeñoburguesa que tan bien conoce y nos recomienda lo del carpe diem, o sea, a disfrutar cerrando los ojos a la miseria que la vida son dos días y uno nublado.

Estas son mis opiniones pero parafraseando a Groucho Marx: “ Si no le gustan tengo otras”

Podría decir, como alternativa más acorde con el conformismo crítico social/cinéfilo que:

Al fin Woody Allen, después de su irregular etapa europea, vuelve a sus orígenes con todo el ingenio y la mordacidad que echábamos a faltar y nos ofrece un film fresco, y en el que a pesar de no dejar títere con cabeza y de expresar sus reflexiones pesimistas en cuanto al género humano y su vanidad, opta por el optimismo y nos invita a imitarle y vivir y crear hasta el último suspiro; todo ello sazonado con una ambientación perfecta, como es habitual, unos actores que cumplen a la perfección y una música que hasta incluye el inicio de la sinfonía de las sinfonías… ese fragmento del que el dios Beethoven dijo "¡ Voy a agarrar al Destino por el cuello"!

Así que ya sabes, como les sucede a nuestros personajes en la película, cuando el destino llame a tu puerta olvídate de las represiones, los prejuicios y las malas conciencias y goza de la vida. Amén.

jueves, 8 de octubre de 2009



La edad de las tinieblas

Este título y no el de “La edad de la ignorancia” es el original y corresponde mucho mejor a la tesis que podríamos calificar de “final”de la trilogía firmada por Denys Arcand y que comenzaba con “El declive del imperio americano” y continuaba con “Las invasiones bárbaras”.

Esa conclusión no es otra que el abandono de una sociedad regida por un sistema de valores asfixiante y alienador y huir, en este caso, a la vieja casita de su padre frente al mar y dedicarse supuestamente a cultivar su huerto.

Nuestro protagonista es un gris funcionario frustrado en su trabajo (no puede resolver nunca los problemas que le plantean los ciudadanos porque la “legislación vigente” opone siempre trabas insalvables), frustrado también en su vida afectivo/sexual de pareja y sin ninguna comunicación con sus hijas, enganchadas todo el día a los artilugios electrónicos de ocio solitario. Para más INRI su madre agoniza en una residencia sin que él pueda hacer nada por comunicarse con ella debido a su demencia senil ni tampoco ayudarla a bien morir.

Frente a este dramático panorama existencial, el director nos ofrece durante toda la película el recurso de concederle al personaje central una gran dosis de imaginación y, por tanto, de escape, a base de ensoñaciones sexuales y heroísmos ficticios.

Y aquí es donde creo que el guión hace aguas por todas partes, se entretiene excesivamente en las imaginaciones, los comentarios no son tan mordaces como se pretende y las críticas a las superestructuras están ya muy vistas.

Digamos que Arcand se rinde: en las anteriores películas había la misma crítica al tipo de vida primermundista, había desencanto, había mala leche para retratar a las ideologías, a los políticos y hasta a los sindicatos…pero había un puntal sólido: los amigos constituidos en familia, en mini-tribu, en refugio (a veces con goteras) frente a una sociedad sin expectativas de cambio.

Aquí no, la amistad , la comunicación, los encuentros de charla, sexo y taninos han desaparecido: el hombre está solo, masturbatorio y final. No hay nada que hacer, queda la pseudo-alternativa de desprenderse de todo, alucinaciones incluidas, y esperar esa nueva Edad Media resignadamente en un lugar donde al menos las agresiones sean las mínimas y donde una vecina te dé la oportunidad de ayudarle a cuidar su jardín…quizás ese ofrecimiento de la última escena sea “el principio de una gran amistad”.

Concluyendo: La película se deja ver, tiene momentos graciosos, está bien interpretada, pero es la peor a mi juicio de la trilogía y no aporta nada a las dos anteriores.

Es más, con todo su trasfondo negrísimo ni te emociona, ni te hace reflexionar y ni a los depresivos como yo nos llega a deprimir. En fin, un mito más que se nos diluye en la nada.

Final: Le tengo miedo a la última peli de Woody Allen…

viernes, 15 de mayo de 2009


Perros de paja (1971) Sam Peckinpah

Titulos alternativos:

-Del neocórtex al cerebro reptiliano.
-De las ciencias puras a los instintos básicos de supervivencia.

Tomo prestada de Film Affinity un fragmento de la crítica de Tono:

“Hay cierta gente (brutos, maleantes, violentos) que no comprenden más que su propio lenguaje. Cualquier intento de razonar con ellos es vano, motivo por el cual, si queremos protegernos a nosotros mismos y a nuestras violables hembras, debemos armarnos hasta las pestañas y entrenarnos para darles la del pulpo si se tercia.
Con este ideario, que haría segregar saliva a Charlton Heston y sus asociados del Rifle, construye Peckimpah un relato ultrarreaccionario, guiado por un espíritu voyeur de violencia y sexismo, en el que la barbarie analizada no merece crítica sino comprensión y justificación”.

Reconozco que esa es una forma de valorar la película y que su puntuación (un 2) está acorde con su visión. Supone además un acto de “valentía” colocarle esa nota a un film de culto. Nada que objetar.
Su punto de vista podría ser el mío desde una perspectiva estrictamente ideológica, pero… asumo que me sumergí en la película, y me metí tanto en la piel del personaje, que no puedo dejar de hacer una consideración personal: yo, que me tengo por un “cobardica”, sufrí viendo cómo desde casi el primer momento se veía venir que nuestro protagonista iba a tener que elegir entre la huida y el enfrentamiento no deseado, e incluso temido, forzado por la escalada de humillaciones y el comportamiento de jauría de los habitantes del poblacho donde se desarrolla la acción.

Sentí mucho miedo imaginándome en esa situación. Me identifiqué, en consecuencia, de forma plena con la forma de resolver el conflicto de manera tan expeditiva y brutal como lo hace Dustin Hoffman.
La inteligencia en la utilización de todos los recursos en defensa propia me hizo sentirme tan héroe/antihéroe como él.
Supongo que era el efecto buscado por el director para justificar la masacre y hasta el ensañamiento pero reconozco que me dejé arrastrar por la historia. No me enorgullezco de los sentimientos de solidaridad vengativa que sentí.



Le doy la razón a Tono en su calificación de sexista puesto que una gran parte de esos comportamientos de acoso y derribo hacia el pequeño hombre centrado en sus fórmulas matemáticas la desencadena el coqueteo descarado de su mujer, convertida por obra y gracia de un guión reaccionario en un ser despreciable, inculto y provocador.


No había necesidad de utilizar esa artimaña machista para demostrar, que es en lo que yo creo que debía haberse centrado la película: la fragilidad del barniz cultural y lo cerca que está el hombre de sus instintos básicos cuando el cascarón protector de la civilización se rompe o es roto por el contacto con un entorno primitivo y amenazante.

viernes, 8 de mayo de 2009

Críticos con criterio crítico

Antonio Gasset y Carlos Boyero son dos críticos de cine a quienes admiro, al margen de que coincidamos o no en sus valoraciones fílmicas, por que expresan sus opiniones de una forma libre y poco convencional. Son de los que "se mojan" y sus comentarios no resultan indiferentes, por eso provocan reacciones apasionadas de entusiasmo o de rechazo.


De Boyero hablaré otro día, para hoy he seleccionado algunas frases tomadas de sus célebres entradillas en el programa “Días de cine” que emitía TVE (en la 2) y que están extraídas de Wikiquote. En ellas se aprecia su sinceridad, su heterodoxia como presentador y su sentido del humor.


* "Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del Gobierno."

* "Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos -estaban equivocados-, ladrillo para otro -estábamos en lo cierto- que fue Amelie."


* "Ahora vamos con "El señor de los anillos", película basada en un famosísimo libro... que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de El señor de los anillos."


* "...Lo mejor del festival de San Sebastián, mi acompañante, aunque por desgracia esté enamorada de otro."


* "...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de politoxicómanos insomnes."


* "Se estrena estos días la película “El último samurái”, protagonizada por el ex marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise."

* "Para ir al cine con esta cartelera hay que tener cociente intelectual negativo."

* "Veamos el reportaje de “Mar adentro” que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película."

* "Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español."

* "Es incuestionable que “Kill Bill” es una virtuosa obra de dirección. Lo que es cuestionable es si es algo más."


* "Sé que aguantarán a estas altas horas de la noche el momento de publicidad ya que al regreso tenemos un especial del salón del cine erótico de Barcelona..."


* "¿Qué sería de nosotros sin un país inteligente como es Francia?"


* "Buenas noches a todos, pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro."


* "Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea lo que hayan decidido hacer, incluso si es de Nazareno auto flagelante."


* "Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos."


* "Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones."


* "Llegó la hora de la pausa... espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de vuestras parejas... si no puede ser, no puede ser... en cualquier caso volveremos después de la publicidad con el sector más casto de la audiencia."


* "Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador."


* "Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos."


* "Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima."


* "Cuando vuelvan de la publicidad me habré desnudado y me tiraré al mar (En Cannes)". Evidentemente a la vuelta de la publicidad dio su explicación: "Era un patético intento por mantener la audiencia..."


* "La verdad es que hay días que no sé dónde refugiarme políticamente."


Aunque la entrevista es larga (28 minutos) creo que vale la pena verla


lunes, 27 de abril de 2009


Los girasoles ciegos


Ciegos están los que han hecho esta película: deben suponer que ya han muerto todos los que vivieron la posguerra, que nadie guarda memoria de cómo era la vida cotidiana de los perdedores y en especial de los que tuvieron que vivir escondidos como ratas para no ser detenidos, torturados y probablemente asesinados. De no estar ciegos, (quiero pensar en la ceguera y no en la decisión voluntaria de mentir y deformar la historia) no se hubieran atrevido a presentarnos tal cúmulo de inexactitudes históricas por decirlo de una manera suave.


Se podría escribir un libro sobre los errores de ambientación, diálogos, formas de vestir y de vivir de ese año 1940 en una ciudad como Orense.

Me cabrea que un gran guionista como Azcona en su despedida vital y un director con la barba blanca cometan tantos fallos. Pero aún me irrita más que haya críticas favorables y que se haya podido presentar este bodrio como representante del cine español a concursos internacionales.


Podría repasar minuto a minuto la película e ir describiendo los dislates pero no quiero perder el tiempo miserablemente, sólo algunos ejemplos:

• Al comienzo de las clases se izaban las banderas, y al terminar el día escolar se arriaban. Era una labor encomendada a los alumnos de una forma rotatoria. En la película la bandera nacional ya está izada y no está acompañada por las otras dos, la falangista y la carlista que la flanqueaban y que debían ser izadas al mismo tiempo que sonaban los cantos de rigor pero respetando la jerarquía: la nacional debía conservar siempre una altura mayor que las otras dos (un palmo más o menos). Había de tenerse gran cuidado al ir estirando de la cuerdas para que la nacional no se retrasara con respecto a las otras y que coincidiera el final del himno con la culminación en la elevación. Al final, la bandera roja y gualda ocupaba su lugar preponderante en su mástil más elevado. Por supuesto que no se podía escuchar o cantar los himnos con las gorras puestas. • Si no se conoce la letra de “Cara al sol” en la que se ofrenda la vida por la patria raramente se puede entender que la protagonista le explique al cura que su niño no cante “porque quiere vivir para su madre”.

• El diseño de las carteras sobre la espalda con correas y la abundancia de carteras de cuero…qué quieres que te diga. Lo mismo sucede con casi todas las maletas, nuevas y de piel cuando lo normal era utilizar atillos, no tener maleta o que ésta fuera de cartón. • En el aula aparecen dos borradores anatómicos, tipo “salvauñas” que no son propios de la época, en la que se utilizaban trapos; tampoco la tiza era de sección circular si no cuadrada.

• Los niños no llevaban el pelo largo, solían ir rapados por el problema de los piojos.
• No parece propio de una mujer de esos años realizar traducciones de alemán, la excusa del aprendizaje por haber mantenido correspondencia con un piloto de la legión Condor es risible.

• La forma de vestir de la protagonista, con trajes ajustados, sin faja, maquillada, y con zapatos topolino no parecen lo más adecuado para pasar desapercibida estando su marido escondido. El curita facha dice “que se bambolea”, es decir que se contonea de forma provocativa. Compárese con la vestimenta del resto de mujeres que aparecen en la cinta.


• El polvo del cura a la almohada es antológica: en los seminarios las monjitas encargadas del lavado de la ropa de cama tenían por costumbre almidonarla o sea que no quiero imaginarme en qué estado quedaría “la cosa”… a no ser que la intención fuera la de una paja masoca, además de guarra, ¡claro que él no tiene que lavar luego la funda!

• El inserto de los buitres picoteando las cuencas de la vaca muerta me parece una logradísima metáfora ¿verdad?...y además de buen gusto. • La calificación moral de la películas no es real; la que oyen los niños, de las calificadas como 4 (gravemente peligrosas) no se proyectaban, todo lo más se permitían las 3-R, o sea, para mayores con reparos (el reparo o reparación consistía en que exigían confesión posterior por los malos pensamientos o acciones que hubiera podido provocar su visión). • La sugerida felación al marido como terapia contra la locura del encierro me parece bien, esto lo digo en serio.

• Si se supone que viven en un piso, de dónde ha salido ese muro medianero tan sólido y tan inútil cuando para ocultar el boquete se utiliza una simple plancha de madera de un armario ropero vacío. ¿Se supone que los vecinos tan dados a las delaciones, no oyen no ven, no intuyen…? ¿Son todos republicanos?

• Y para colmo en el minuto 1:26 cuando el topo, desesperado, se lanza por la ventana y su mujer, que no ha podido impedirlo llora desesperadamente, entonces el niño presente en la escena y que en toda la película parece inteligente, pregunta: ¿Qué pasa mamá?

Todo estos “detalles” pueden parecer anecdóticos y posiblemente lo sean. No tienen suficiente entidad, se me puede decir, como para empañar el fondo de una gran película… pero es que ésta no lo es.

Y no lo es porque no es creíble, y eso es grave cuando la situación que se plantea es real, repetida y presente en la memoria de muchas personas que las vivieron en carne propia, de familiares o de amigos.

La tortura de la existencia como un muerto en vida, siempre con miedo, siempre temiendo ser delatado, siempre entre cuatro paredes de las que sólo ocasionalmente se puede salir al resto de la casa tomando mil precauciones, no queda reflejado en la película, donde nuestro protagonista con su impecable pijama y bata circula con la única cautela de correr las cortinas.




No entiendo tampoco la ambigüedad del comportamiento de la esposa, a no ser que eche mano de la misoginia o del poder todopoderoso de las hormonas. ¡Con un marido enclaustrado, un hijo que es una joyita y una hija que tiene que huir embarazada con su compañero hacia una muerte casi segura…! Como coño se plantea ella la situación de quiero/no quiero, seduzco/me dejo seducir por un curita de la calaña de éste, definido como putero, blandengue, religioso sin vocación, que utiliza como último recurso el disfraz de alférez provisional para envolverse de un machismo seductor para acabar delatando con grititos por todas las ventanas (muchas) la existencia de un peligroso comunista.


No quiero entrar en el destrozo de la novela de Alberto Méndez en la que está basado el guión, porque no me entusiasmó, pero es de juzgado de guardia el tratamiento que se da al segundo de los cuatro relatos que la componen.


Aplaudo la actuación de Maribel Verdú, de José Ángel Egido y de Roger Princep.

Hans Burmann: Éste no era el tono adecuado para la fotografía de la posguerra, te recuerdo la filmación de “Los días del pasado”, ése era el color y el ambiente.


Rafael Azcona: Gracias por “El cochecito”, “Plácido”, “El verdugo”, “El pisito”, “Ay, Carmela”, “Belle époque” y tantas otras. Seguramente, también habría que agradecerte tu sentido de la amistad hacia José Luis Cuerda, por firmar junto a él esta película, pero eso sólo vosotros dos lo sabéis.

lunes, 13 de abril de 2009


Vicky, Cristina, Barcelona


No voy a entrar a analizar la consistencia del argumento, ni a comentar los colorines de las fotografías turísticas, ni las razones en la elección del reparto femenino y su relación con la senilidad, ni el acierto o no de la música como representativa de los lugares de rodaje, ni si siguen existiendo latin lovers por estos pagos...
Tampoco hablaré de la calidad de los diálogos o de las ocurrencias sobre la identidad catalana requerida de un máster; ni siquiera
de la elección desinteresada de las localizaciones, ni de la idoneidad del doblaje, ni …

¿Entonces?





Pues suponga que un día usted dice de su hijo que podría estudiar más o tener ordenada su habitación o cualquier recriminación por el estilo. ¿Significaría que no cree al mismo tiempo que es el más guapo, el más alto y el más listo de todos?


Y si el comentario fuera sobre su madre, o su abuela… ¿dejarían de ser menos maravillosas porque ese día se les hubieran quemado las lentejas?


Pues eso, dijera lo que dijera sobre la vaguería de mi hijo o sobre la incomestibilidad de las lentejas, y si, por un aquel, a esta película le pusiera un cero, no por ello Woody Allen dejaría de seguir estando tan dentro de mi biografía y me habría hecho disfrutar tanto y en tantas de sus geniales obras maestras como para que ahora yo en su senectud le negara el derecho de hacer lo que se le venga en gana.


Callo, pues, me guardo el reproche, me como las lentejas y espero su próxima película. Mientras tanto puedo volver a ver “Manhattan”, “Hannah y sus hermanas”, “Annie Hall”, “Maridos y mujeres”, “Zelig”, “”Balas sobre Broadway”, “Misterioso asesinato en Manhattan”…, (y varios etc.)

martes, 7 de abril de 2009


Mystic River

En mi comentario sobre Gran Torino elogié la labor de dirección de Clint Eastwood, en esta película y en Byrd.

Me mantengo en ello: Mystic River, un film americano de más de dos horas de duración sin hermosos paisajes (urbanos o rurales), sin muchos tiros (los justos), sin sexo ni grandes pasiones y rodada en un ambiente gris en torno a un río que se presume maloliente, es toda una hazaña de dirección no caer en baches narrativos y mantener la progresión tanto en su faceta de thriller como de drama psicológico.


Tres niños de barrio, compañeros de juegos y pequeñas gamberradas, quedaron marcados por un suceso escabroso que el azar quiso que sólo uno de ellos viviera en primera persona, pero que en la conciencia de los otros dos quedó como algo que les podría haber sucedido a cualquiera de ellos y que está enquistado en sus memorias.

La víctima directa está tan traumatizada y es tan patente su desequilibrio psíquico que le lleva a asesinar a un pederasta como venganza por su propia violación y a hacerse tan sospechoso de otro crimen, el de la hija adolescente de uno de sus dos amigos, quien, en juicio sumarísimo, lo ejecuta y lo arroja al río adelantándose a las investigaciones que está realizando el otro amigo, policía encargado del caso. Una vez descubiertos los verdaderos autores y aun sabedor del crimen de su antiguo compañero de juegos, el policía lo oculta, aprovechando una serie de circunstancias que permiten cerrar al caso impunemente.


El niño violado, maltratado, que logra huir de sus verdugos pero no de sus recurrentes sueños de pánico, es un muerto viviente, alguien incapaz de rehacer su vida, de conseguir una apariencia de normalidad, hecho que queda patente en la desconfianza de su propia mujer, que implícitamente lo denuncia al padre de la niña asesinada.


Hasta aquí la historia de un trauma colectivo bien narrado y bien dosificado en su excavación de las tres personalidades encarnadas por tres grandes actores, que hacen creíbles cada uno de los tres personajes absolutamente diferentes y unidos tan solo por la marca infantil.

Las pegas que le veo están al margen de la dirección y se refieren a los valores que vuelven a repetirse o, mejor dicho a los contravalores que desde mi punto de vista le son tan queridos a Clint Eastwood :

--Su misoginia: las tres mujeres coprotagonistas, o no son “nada” o cuando lo son es para transmitir los ideales de machismo y de perpetuación de las instituciones sagradas del matrimonio y la familia en su concepción de hombre-macho defensor del territorio y mujer reposo del guerrero aunque el guerrero sea un mafioso asesino.


--Su amoralidad: la impunidad del crimen por ocultación es un deber de amistad, al fin y al cabo el “violado” era el más enfermo de la manada, el más tarado, el animal más débil al que dirigiría sus dentelladas cualquier animal depredador a la caza de alimento.


--Su concepto judeocristiano de la venganza, la redención y la doble moral: el asesinado ha asesinado a su vez, se ha vengado pero debe pagar, con ello se redime y está dispuesto al sacrificio de ser castigado por un crimen no cometido. Después ya puede retornar la tranquilidad.

La película se cierra con un desfile con toda la parafernalia de banderas y bandas de música; aquí no ha pasado nada, todo se ha solucionado “felizmente”, cada oveja está con su pareja, y todo ello sin que haga falta que la justicia y la legalidad intervengan: los trapos sucios se lavan en familia y los débiles sucumben porque esa es la ley natural…la de la selva.

viernes, 27 de marzo de 2009


La jauría humana (Arthur Penn, 1966)

Cuando vi por primera vez esta película la disfruté y la sufrí considerándola como un valiente retrato auto crítico de una sociedad podrida pero la ceñí entonces a una situación concreta y en un lugar concreto, es decir: cómo en un pueblo de lo que hemos dado en llamar “América profunda” una serie de circunstancias pueden llevar a una muchedumbre a hacer aflorar los instintos más primarios hasta culminar en la caza de un hombre como diversión y al apalizamiento de la autoridad oficial (el Sheriff) que intenta imponer la legalidad de la justicia frente al linchamiento de otras épocas.

Complementariamente encontramos toda suerte de miserias: desde el simple aburrimiento cotidiano, la infidelidad, el dinero como meta prioritaria, la imbecilidad juvenil, el caciquismo, el servilismo, el racismo, la doble moral…


Ahora, ya sin el impacto inicial, pero sin olvidarlo, de algunas escenas y de todas las grandes virtudes del film (actuaciones soberbias, recreación del ambiente que constituye el caldo de cultivo de la tragedia, guión, música, etc.) me quisiera centrar en Marlon Brando como actor y como personaje.


Marlon Brando es para mí un actor que trasciende los papeles que interpreta, es difícil imaginar sus mejores películas protagonizadas por otro actor. Brando por su personalidad y su formación actoral (y, a veces, a pesar de ella) no actúa sino que absorbe e internaliza al personaje guionístico para después encarnarlo tranformado en arquetipo. Así: Brando es Julio César, Brando es el Padrino, por poner sólo dos ejemplos.


Aquí en esta película Brando eclipsa literalmente a Robert Redford, Angie Dickinson, Jane Fonda, Robert Duvall, Miriam Hopkins, EG Marshall y toda la plantilla de secundarios, y eso que todos ellos cumplen eficazmente con su papel. Toda la pantalla es suya cuando aparece.


Marlon Brando va más allá de la correcta interpretación, su sola presencia, sus gestos y sus miradas expresan en cada momento y sin sobreactuaciones sus estados de ánimo.


Su corpachón es zarandeado en esa mítica paliza (los golpes te llegan a doler) y su respuesta defensiva es la única creíble, la que puede esperarse cuando son tres los atacantes, no hay trampa ni cartón en la pelea, Brando sale machacado físicamente pero no derrotado en su integridad moral. Esa es la grandeza y la dignidad del sheriff, la que lo sitúa por encima de sus verdugos.


Pero ese sheriff tiene un pecado original: su nombramiento no ha sido “por mérito y capacidad” si no por la voluntad del cacique local, verdadero poseedor del mando real, el que concede el dinero y el estatus social. Su autoridad es una autoridad delegada, formal y por tanto reclamable por su donador cuando la situación exija saltarse las leyes o emplear la violencia en beneficio propio.

El personaje que interpreta Brando vive queriendo creer que su honestidad y su “placa” le hacen merecedor de su cargo, y hasta se permite algún desprecio simbólico (la devolución de un regalo) hacia su protector/jefe.

Los hechos le demuestran la ficción en la que ha vivido, su papel de hombre de paja, su impotencia, la inutilidad de su supuesta autoridad, el desprecio de quienes son sabedores de su rol, que no supera el del orden local y el mantenimiento de las apariencias.

En el desenlace de la película con el asesinato a quemarropa de quien tenía que ser entregado a la justicia es la hora del reconocimiento del fracaso, del auto engaño y de partir a otro lugar…


Moraleja: el poder es el poder, si no lo ejerce directamente quien lo tiene es por que le resulta más cómodo delegar, pero no intentes dejarte comprar “sólo un poquito” por que las graciosas concesiones te serán demandadas a su tiempo y con altos intereses.






(Consideración absolutamente prescindible con la única intención de rebajar un puntito lo que ha podido resultar un discurso impostadamente serio : Marlon Brando abandona el pueblo herido y fracasado… ¡pero con Angie Dickinson!)